02 noviembre 2006

Nunca llueve a gusto de todos.

Nuestra maravillosa tierra, hace que nunca llueva a gusto de todos.

Justo cuando en algunos países la desgracia viene en forma de lluvia torrencial, para nosotros, para los andaluces y para muchos sitios de España, la sequía viene siendo nuestra peor pesadilla.

Para una región que vive prácticamente de la agricultura y el turismo, el llanto del cielo viene siendo nuestra propia sangre, y si falta la sangre ya sabemos lo que pasa. Hoy vuelve a llover, tras un fin de semana en el que ha hecho CALOR. En pleno Noviembre, CALOR. Esto no hay quien lo entienda. El tiempo está loco.

¿O lo estamos volviendo locos nosotros mismos con la contaminación, niveles acústicos, aerosoles, o demás daños colaterales al medio ambiente provocados por nuestro estilo de vida?

En américa del sur y américa central los huracanes destrozan casas, hogares, ciudades, vidas. Aqui el sol hace que se sequen nuestras tierras, y que se vuelva estériles cuando su fertilidad ha sido siempre comparable a la de la más sana mujer en estado de buena esperanza.

Ahora llueve. No sabemos por cuanto tiempo ni con cuanta intensidad lo seguirá haciendo, lo que sí esta claro es que a buen seguro mis paisanos andaluces que se dedican a la agricultura, se habrán levantado dando un respiro.

Hoy los albañiles no trabajan, por que llueve. Para muchos significa un dia sin trabajo y sin sueldo. Pero para el campo es fiesta. Una fiesta que permitirá dar unos frutos que casi nos roba el calor. Los embalses volverán a llenarse otro poquito y no pasaremos necesidad en cuanto al consumo humano se refiere.

Espero que no tengamos que enterarnos ningún día, de lo que es pasar sed como la pasan en algunos pueblos de África. Yo estoy contento por que llueva. Me encanta oír llover y escuchar esas gotas de lluvia llamando al cristal de mi ventana, por la que hoy entra una luz un poco mas tristona, pero que trae la alegre canción del chapoteo del agua en los charquitos que se forman en la calle.

Nunca llueve a gusto de todos, porque si así fuera, el mundo sería maravilloso, nadie tendría problemas, y yo, seguramente, estaría soñando.

5 comentarios:

Eva dijo...

Me alegro muchisimo que hoy esté lloviendo por allí, quién sabe cuánto durará... como tú dices.

Me ha encantado tu artículo!!

Un besote desde Barcelona!!

galilea36 dijo...

el tiempo está alocado...como bien tu dices en estas fechas hace demasiado buen tiempo....aunque empieza a refrescar no es normal los dias que hace..
En la vida ocurre lo mismo...nunca llueve a gusto de todos...
UN BESAZO.

ginhevak dijo...

me gusta tu pag y tu descricion me alegro de tu formaq de ser me alegra que compartas commigo

Anajarate dijo...

Me gusta la lluvia. Me gusta el otoño por eso aparte de por otras cosa.

Cuando llueve siempre pienso que el agua arrastra consigo las cosas que nos asfixian y no nos dejan respirar y el aire se queda más limpio, más vacío, para que las cosas comiencen de nuevo con otra luz, con otro aroma...el de la tierra mojada y dispuesta a empezar de cero.

Otoño, agua y media luz...una tarde perfecta para mí.

Besos, niño.

Gertru

Anónimo dijo...

Hola Paco,
he leído tres de tus artículos: el de los olores, el que habla sobre el poder de la imaginación y este último.
Hace casi dos meses que no veo el mar y aún debo esperar a que pase otro para volver a tenerlo bajo mis pies.
Mi olor favorito es el de mi amado Atlántico. Recurro a la imaginación para poder sentirlo, para tocarlo, para observar su blanca espuma... Cuando me despierto de esa especie de sueño me entristezco al pensar que ese alocado cambio climático del que hablas —consecuencia, dicen, del poco respeto que el ser humano tiene por su planeta— está destruyendo el paisaje de mi tierra.
Su esencia siempre ha sido la de la lluvia, el mar y los bosques...
El año pasado esos montes sufrieron la amenaza de la sequía durante más de seis meses, del fuego y de las inundaciones a finales de noviembre. Y sí, por allí arriba en octubre también había gente en las playas (¡quién lo diría años atrás!)...
Por eso mismo, ahora —o en poco tiempo— ya no se respira el mismo aire limpio, fresco y húmedo en sus montes. Pasarán décadas hasta que muchos de sus "carballos" crezcan y sean fastuosos de nuevo.
Hasta entonces viajaré con mi mente hasta "el fin del mundo", para no echarlo tanto de menos, para ver de nuevo esos bosques perdidos y para percibir mientras tanto el aroma que desprenden las olas al chocarse contra las rocas vestidas de verde esperanza.

Un beso, y gracias por haber dibujado una sonrisa en mis labios :).

Lara.

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