31 marzo 2015

SEMANA SANTA (III): LUNES SANTO

Una vez me dijeron que Carmona está llena de cuestas. Y es cierto, está tan llena de cuestas como la vida misma, y tan llena como los andares de la Amargura en Lunes Santo. Cuestas arriba de la Fe donde el Mayor Dolor se alivia Hermanas de la Cruz arriba. Otra vez el astro rey ha confirmado su abono al palco del cielo durante la Semana Santa, y otra vez nos ha querido regalar Dios la estampa maravillosa de una candelería que crea un aura de luz anaranjada, que acaricia el bellísimo rostro de la Virgen de ojos inmensos que vive en San Felipe.

Y más cuestas, la que se baja humilde por La Fuente y sube esplendorosa y lenta por Joaquín Costa. ¿Es devoción?¿Es espectáculo? Es el espectáculo de la devoción por la Santa Silueta más reconocible de todos los Lunes, con la banda sonora del redoble macareno. Es la búsqueda del sitio imposible, del agarre a cualquier punto alto donde poder ver la cuesta de nuestros amores por San Felipe. Es la mirada cómplice con la risa que se intuye tras los agujeros del antifaz de una nazarena que te regala la más dulce Amargura en una estampa. Es un barrio que dicen que no tiene apenas barrio, pero que se extiende un Lunes al año hasta el Real. 

Los ojos de la Virgen del Mayor Dolor destellaban el reflejo de su candelería derretida, el torso recién restaurado del Señor de la Amargura reflejaba el de los hachones encendidos de su paso gótico. No hay mejor refresco para el sudor de los hombres de Fernando Fernández y de Ángel Lara que buscar esos reflejos cuando salen de poner sus cuellos para que anden Jesús y María. Y el agua fresca sabe mejor cuando perfuma el aire el incienso de mi amigo Rafael, que déjense de historias, ese sí que sabe de inciensos. No hay mejor alivio para el Santísimo Cristo de San Felipe, que sus otros titulares vayan a visitarlo a San Bartolomé, donde se hospeda.

Y la última cuesta, la más larga, la que se sube lenta porque se intuye dentro de la Cofradía de San Felipe, que cuando se culmine se cierran las puertas del Lunes,  y se saluda a la madrugada del Martes de Judería.  Y en esa cuesta van lágrimas, y "óles" por las levantás, y van saetas, y van revirás interminables, y van dolores de pies y cinturas apretadas por un cinturón de esparto. Y van pensamientos por los que se fueron, y van la nostalgia por saber que se termina y el deseo a la vez de querer llegar para cumplir un año más con el rito. En esa cuesta van mis recuerdos de cuando le hablé a la Virgen del Mayor Dolor en su 250 aniversario, y van mis recuerdos de años entre los que se encontrarán siempre los sonidos de los crujidos de la madera de la parihuela del Señor de la Amargura, y los de los caireles de las bambalinas de la Virgen de los ojos inmensos. 

Otra vez San Felipe colmó el Lunes del tiempo. Otra vez me han sacado lágrimas con un micro por delante, yo no sé como lo hacen, pero quiero vivir estos momentos, repetirlos, eternamente, hasta que las fuerzas y los sentidos me lo permitan. Comienza ahora el tiempo de espera en la Amargura, o la amargura del tiempo de la espera, pero tras noches como la de hoy, creedme hermanos de San Felipe que la espera pasa pronto, muy pronto, porque a mí me parece que fue ayer cuando le hablé a vuestra Virgen en su cumpleaños. Ahora queda disfrutar con los recuerdos, y vivir lo que queda de la Semana de nuestras vidas, donde un barrio de cal, se vuelve magia, y en nuestras retinas, seguirá siendo Lunes Santo.

2 comentarios:

antonio rivas dijo...

Increíble....sin palabras....esto es lo mas bonito que nafie ha podido decir para su hermandad par a alguien que lleva viviendo el lunes santo como el día más importante del año desde que que iba en el carrito....muchas gracias por tus palabras hacia mi hermandad!!!

paco dijo...

Muchas gracias Antonio!

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