Llevo al menos un cuarto de hora intentando decidir el título de este post. Se me han ocurrido muchos: "Mírala cara a cara que es LA CUARTA", "La copa ya está aquí", "Póker de plata", "Pobre palangana, qué amargado se te ve"... y algunos otros más. Pero he pensado que por qué perder el tiempo en fijarnos en minucias teniendo delante, estando viviendo, sintiendo y disfrutando tanta grandeza. Mejor una historia de amor... la que empezó un bendito 10 de Mayo de 2006, como el que no quiere la cosa. Iba un escudo a una cita en Eindhoven con una señorita de plata. Como buen caballero sevillano que era, llegó, la miró, y la acarició cuatro veces... y ella cayó rendida a sus pies. La trajo a conocer la ciudad de las dos orillas y el arte en las venas, y ella terminó de enamorarse.
Finalizada la cita, quedaron para verse pronto, y ella fijó el siguiente encuentro, ya prendada de rojo y blanco, en Glasgow un año después. Por no faltar romanticismo no faltó ni la lluvia aquella histórica noche, y la volvió a acariciar dos veces, y ella, a pesar de que otro pretendiente también quiso cortejarla, quiso volver a los brazos del escudo que tanto la amaba. Nuevo paseo por Sevilla recibiendo piropos, parabienes, abrazos besos... más señales de amor.
Pasaron los años y el destino quiso separar a la señorita de plata y al escudo de sus amores. Pero se hicieron una promesa. Él le dijo: "Volveré pronto a por ti", ella :"Te estaré esperando". Y en 2014 pudieron darse las combinaciones astrales para una nueva cita. Ella estaba deseando, él mucho más y así, esta vez sin caricias, aguantándose las ganas hasta una agónica muerte súbita, volvieron a besarse y volvieron a pasear por la ciudad de los sueños, por el barrio donde esos sueños se sueñan con más prestigio, y en el estadio donde los sueños se cumplen.
Él le dijo: "Quiero otra cita", ella se ruborizó y le respondió: "Pero... nunca he tenido más de tres con ningún amor... nunca hubo cuatro, nunca tan seguidas... si pudiera ser... ¿qué harías?... -"Que te juraré amor eterno" -contestó él... y lo pactaron así. Sería en Varsovia un 27 de Mayo. Tal noche como hoy... con otro pretendiente muy duro, pese a que decían que no tenia nada que hacer... ella se dejó querer, pero las caricias de su amado escudo, los recuerdos de la ciudad que más la ha mimado, querido y piropeado... pudieron más... tres caricias.. tres... para la cuarta cita, la cita que tendrá mañana ese escudo con la señorita de plata de sus amores. Sí.. la cuarta cita.. donde nadie llegó, la que consumará el amor verdadero, la que me ha hecho llorar como un niño... como en la primera cita, por ver a mi escudo conquistar la grandeza de esa señorita de plata.
No las tenía todas conmigo, no estaba en mi hábitat, no estaba mi tele, ni mi almohada. Mi tele se había vuelto una pantalla gigante, y mi almohada la ponían miles de bufandas al viento rodeándome, y ocho mil gargantas que me ensordecían mi propia voz. Unos amigos que quisieron que estuviera con ellos, una rubita que quería vivir su primera final a mi lado. Mucha cocacola, un gran bocata previo a una larguísima espera en una cola.. mucho dolor de pies... casi un paquete de tabaco entero en menos de 5 horas, muchos nervios... y al final... la gloria...
Me han pisado, empujado, regado en cerveza, abrazado y besado gente que NI CONOCÍA, y aunque no estaba en mi hábitat, me he sentido muy feliz... extraño, pero feliz... No faltaron las gracias a mi abuelo por hacerme del mejor equipo de Andalucía. No han faltado las felicitaciones de béticos señoriales y elegantes que por suerte cuento entre mis amigos, y que sé que se alegran por mí, simplemente por eso, por ser amigos que me aprecian. No han faltado las felicitaciones hasta de otras provincias de España por las redes sociales... no ha faltado nada...
Y de nuevo el llanto, el llanto que confirma que esto es un sueño que no quiero que acabe. Yo firmaba ya de entrada que pasaran otros siete años de distancia con alguna copa del Rey y Supercopa de España de por medio, y en siete años, volver a ganar otras dos señoritas de plata. Lo que está claro es que ahora sí se puede decir que sólo hay un equipo, una camiseta, un escudo, que ha logrado enamorar cuatro veces a esa señorita de plata llamada "Copa de la UEFA" o "Europa League" como ahora la llaman... da lo mismo el nombre, son cuatro de cuatro, y ahora es cuando muchos pueden empeñarse si quieren en que lo que importa es un derby... hay que entenderlos... si nunca han vivido como afición lo que ha vivido hoy el que tiene la sangre roja y blanca, nunca podrán comprender que esa historia de los derbys ha pasado a un profundísimo segundo plano.
Pero por esos amigos béticos elegantes, los de corazón, los que no se preocupan de más equipo que del suyo (que ya los pobres con eso tienen bastante), por esos, sólo por esos, tan escasos que casi están en peligro de extinción, por esos me gustaría que el Betis lograra aunque sea UNA VEZ lo que ha logrado el Sevilla cuatro veces, para que ven lo bonito y emotivo y lo GRANDE que es lo que se siente. Mientras tanto, el rey, el que tiene el póker de UEFAS, récords todos los que quieran comparar, temporadas y goles en primera, títulos, años de historia, etc... ese... sigue siendo el SEVILLA FÚTBOL CLUB... la verdadera historia de amor... más allá de la del escudo con la señorita de plata... la de una afición que venerará eternamente ese escudo, esa camiseta, esos colores... la crónica de una historia de amor imperecedera, una historia de amor... con un TETRA CAMPEÓN EUROPEO.
¿Es... o no es para quererlo?
"El silencio es el único amigo que jamás traiciona." CONFUCIO (551 A.C. - 478 A.C.) Filósofo Chino
28 mayo 2015
27 mayo 2015
HA LLEGADO EL DÍA (Sin supersticiones)
¿Habéis dormido bien, guardianes de Nervión? Si la respuesta es que sí, ya lo habéis hecho mejor que yo, por cuestiones de salud de mi familia, y mejor que muchos otros guardianes que han viajado de madrugada hacia Varsovia. Ha llegado el día. Yo creía en supersticiones pero esta noche he meditado. Las supersticiones están para cuando una bufanda bajo un cristal de una mesita de camilla tiene que sacarse fuera para una tanda de penaltis.
Estos días muchos amigos me han convencido para que deje de creer en supersticiones y crea en el fútbol, crea en unos jugadores que han demostrado estar más que capacitados para dejarse las vísceras por vivir otra noche de gloria. Yo he visto todas las finales en casa, y ahí las he ganado, con mi familia, con algunos amigos la primera de ellas, o abrazándome a mi bufanda en otras. Pero hoy no la veré en casa. Estaré con miles de almas que gritarán lo mismo que yo, sufrirán lo mismo que yo, cantarán lo mismo que yo, saltarán lo mismo que yo, y llorarán (espero que de alegría) lo mismo que yo.
Para acabar con las supersticiones no hay medicina mejor que la voluntad de los que quieren estar contigo. Yo no quería ir, pero un grupo de locos a los que les guardo la obediencia y el fervor del cariño ha acabado por convencerme. Hoy no voy a creer en las supersticiones. Hoy voy a creer en el fútbol. Porque tanto me lo han pedido que sería un ingrato si no atiendo a las peticiones de quien me ama y quien me aprecia. Porque otros amigos que tengo mucho más expertos y conocedores del fútbol me han dicho que no tema, que vamos a ganar la cuarta. Ojalá sea así. Por ellos dejo de creer en supersticiones.
Porque me han dado muchas razones, razones terrenales, mundanas, paganas. Nada de creencias. Porque me han dicho que hombre por hombre, el Sevilla es mucho mejor sobre el terreno, por calidad, por entrega, y por experiencia. Porque el devenir ganador de la temporada hace que un equipo cualquiera con la racha de los guerreros de Nervión se sienta invencible. Porque un entrenador que a veces ha hecho locuras, ha confiado en sí mismo y en esos guerreros y ha demostrado que las locuras dan la vida.
Porque el año pasado ganamos ante un equipo mejor y con media legión tocada. Porque tenemos un duodécimo jugador infiltrado que desde el cielo nos empuja balones con el número dieciséis a la espalda, y nos ha abierto de nuevo la "Puerta" de la gloria. Porque no podemos permitir darle una alegría a los que sienten la verdadera alegría con nuestra tristeza y no con sus propias -pocas e insignificantes- alegrías. Porque sí, porque esa copa se siente a gusto en el rincón que Dios creó para su propio disfrute y que se llama Sevilla.
Por todo eso me alejaré de mi televisión, de mis nervios en soledad, de mis lágrimas en mi bufanda, y me iré darle mi aliento sumado con el de esos amigos y con el de unos cuantos miles de sevillistas más al auditorio al que pusieron el nombre de una mujer con una garganta que apodaron "La más grande". Pues si hay que tener una superstición, que "La más grande" nos prestará su garganta desde el cielo, la "Puerta" 16 se abrirá para que Antonio empuje desde allí los balones que salgan de botas sevillistas, y un entrenador loco y un equipo con sed de plata harán el resto.
Hasta mi padre, ayer con el virus maldito que deambula por mi Carmona, se ha puesto mejor hoy, porque quiere que me sume a la fiesta. Hoy tiene que ganar el fútbol. Que sí, que una final es una lotería, que cualquiera puede ganarle a cualquiera a un solo partido, que todo eso son leyes no escritas. Pero en el fútbol, casi siempre se ha impuesto la lógica, y no las supersticiones. Hoy después de muchos años, el modesto no será el Sevilla, y lo lógico es que el poderoso aplaste al modesto. Un amigo me hizo hace unos días una premonición. Si se cumple, os la contaré en el siguiente post. Yo de momento lo único que le pido al cielo es que el fútbol no me haga arrepentirme de que mis amigos me hayan convencido para que hoy deje a un lado las supersticiones.
Vamos a por nuestra copa. Vamos a por la cuarta, y recordad lo que escribí ayer... ¿Y qué pasa si no...? NADA. TE QUERREMOS IGUAL, SEVILLA F.C. Demasiado nos has dado estos años, para que si tienes un mal día, reneguemos de ti. Ya te debemos tres copas (y alguna más en otros bares), pero si tienes que apuntar otra más en la cuenta, bienvenida sea... nos quedan muchos años de amor para pagartelas.
A POR LA CUARTA!!!
26 mayo 2015
¿Y QUÉ PASA SI NO....? (A por la Cuarta)
Pon a hervir la sangre roja, Sevilla. La de las grandes noches de gloria que muchos sevillistas ni imaginábamos poder haber vivido. Soñarlas sí, porque tu escudo se forjó a golpe de sueños, y en tu cien cumpleaños nos enseñaste que a veces, sólo a veces, muy contadas veces... los sueños se cumplen.
Baila con el balón en Varsovia al son de la polka de tu guerrero de nombre impronunciable. Vuelva a meternos en la retina aquel gol que nos cambió la vida, y los cuatro que nos hicieron vivirla. Vivirla con aquel cabezazo de Luis Fabiano, con aquel zurdazo y aquel fusilamiento de "il cappo", con aquella tijereta del gigante de Mali.
Vuelve a traernos la lluvia de aquella carrera de Adriano y aquel pase del "duende" que solo tuvo que empujar de nuevo "la pantera". Vuelve a lanzarnos al vacío medio metro sobre el suelo aquellas tres veces que voló el capitán Andrés, cuando mi feria se iluminaba de farolillos, y Glasgow hablaba sevillano.
Deja que luego pase el calendario con copas "reales" y supercopas nacionales. Y regresa de nuevo para extender tu bandera del centenario, esa "sábana pintarraqueá" que decían algunos y que se ha vuelto más Santa que la de Turín. Aquella ciudad donde bailamos un fado con la mano de Beto y la pierna maltrecha de un francesito que volvió a recuperar la historia de amor con nuestra copa.
Hierve tu sangre roja, Sevilla. Roja como la camiseta que luchará por besarla otra vez, por hacernos gritar de alegría, llorar de emoción, abrazarnos a desconocidos, saltar, cantar, y bailar la polka. Ponla a hervir que quedan horas para poder levantarla de nuevo.. y si no se levanta ¿qué pasaría?...
¿Es que lo dudas, Sevilla? ¿Te lo cuento? ¿Qué pasa si no ganamos la final?¿Qué pasa si la copa no vuelve a la ciudad y a la afición que más la quiere? Pueden pasar muchas cosas. Una de ellas puede ser que una pequeña parte de Sevilla saque la botella de champán que le quedó de ayer, para con su clase y categoría, celebrar nuestra derrota.Puede pasar que ahora crean que vamos en declive, o que la temporada ha sido un fracaso. Puede pasar que el equipo se rompa... pueden pasar todas esas cosas. Más de uno estará deseando que pasen, pero ¿sabes qué? No creo que eso pase si no hay cuarta. Porque ya no somos aquellos que se conformaban con que el Sevilla quedara por encima del octavo puesto, ahora esos son otros.
Porque ya no somos aquellos que pinchaban cuando a la vista se nos ponía un horizonte de gloria. Ya no somos aquellos que salimos a la calle por un descenso administrativo, o que lloramos desconsolados en Oviedo. Ya no somos aquellos que llenábamos el Ramón Sánchez-Pizjuán a las doce del mediodía. Ya no somos aquellos... y lo seguimos siendo.
¿Sabes por qué, Sevilla? Porque la grandeza se obtiene sin vivir del pasado, pero sin olvidar de dónde se viene, lo que se ha pasado y lo que se ha sufrido. La grandeza se obtiene dejando atrás en la carretera, la parada obligatoria de una rivalidad que ya se nos quedó muy pequeña y que muchos se empeñan en recordar, necesitan recordar para darle algo de sentido a su afición por otro equipo y a sus propias vidas. La grandeza es saber que ya no somos aquellos, pero seguimos siendo los mismos. Los que hubieran firmado en junio del año pasado dejar las cosas como están. Con récord puntos y victorias, con nuestra décima clasificación europea en once años, con otra final europea a la que hay que llegar, y con muchas noches de gloria y de risas. Yo lo firmaba otra vez si no ganamos la copa, pero tú pon a hervir tu sangre, Sevilla.
Vuelve a emocionarme sin llorar porque ya no me quedan lágrimas. Hazme celebrarlo con la tranquilidad de quien celebra una bendita rutina, que ya estamos hasta acostumbrados a tus finales. Porque esa copa nos quiere, está a gusto aquí, como todo extranjero que viene y pisa tu suelo, se bebe tu alma en oro líquido, y te besa a la orilla del río, y te saborea en "la gloria del jamón con esas vetas blancas a los laos que parece la bandera del Sevilla", que decía Barbeito en su pregón.
Tráela de vuelta, Sevilla, pon a hervir la sangre roja, y disfruta las mieles del éxito, que de los fracasos ya nos ocupamos nosotros para decirte que te queremos igual. Y si no la traes... no pasa nada, pero tráela para que pase, para que vuelvas a hacer a más de la mitad de Sevilla la más feliz de Europa, la que más llora de alegría, la que más quiere a esa copa. Pon tu nombre en lo más alto de su base que vas a ser el primero, Sevilla, que pueda ponerlo cuatro veces. Yo no estoy nervioso, estoy confiado en que los guerreros de Nervión saldrán a por todas... tú solo pon a hervir tu sangre roja, y regálanos otra noche memorable, que quiero acabar como acabé las anteriores... llorando de alegría... mientras grito tu nombre....
Baila con el balón en Varsovia al son de la polka de tu guerrero de nombre impronunciable. Vuelva a meternos en la retina aquel gol que nos cambió la vida, y los cuatro que nos hicieron vivirla. Vivirla con aquel cabezazo de Luis Fabiano, con aquel zurdazo y aquel fusilamiento de "il cappo", con aquella tijereta del gigante de Mali.
Vuelve a traernos la lluvia de aquella carrera de Adriano y aquel pase del "duende" que solo tuvo que empujar de nuevo "la pantera". Vuelve a lanzarnos al vacío medio metro sobre el suelo aquellas tres veces que voló el capitán Andrés, cuando mi feria se iluminaba de farolillos, y Glasgow hablaba sevillano.
Deja que luego pase el calendario con copas "reales" y supercopas nacionales. Y regresa de nuevo para extender tu bandera del centenario, esa "sábana pintarraqueá" que decían algunos y que se ha vuelto más Santa que la de Turín. Aquella ciudad donde bailamos un fado con la mano de Beto y la pierna maltrecha de un francesito que volvió a recuperar la historia de amor con nuestra copa.Hierve tu sangre roja, Sevilla. Roja como la camiseta que luchará por besarla otra vez, por hacernos gritar de alegría, llorar de emoción, abrazarnos a desconocidos, saltar, cantar, y bailar la polka. Ponla a hervir que quedan horas para poder levantarla de nuevo.. y si no se levanta ¿qué pasaría?...
¿Es que lo dudas, Sevilla? ¿Te lo cuento? ¿Qué pasa si no ganamos la final?¿Qué pasa si la copa no vuelve a la ciudad y a la afición que más la quiere? Pueden pasar muchas cosas. Una de ellas puede ser que una pequeña parte de Sevilla saque la botella de champán que le quedó de ayer, para con su clase y categoría, celebrar nuestra derrota.Puede pasar que ahora crean que vamos en declive, o que la temporada ha sido un fracaso. Puede pasar que el equipo se rompa... pueden pasar todas esas cosas. Más de uno estará deseando que pasen, pero ¿sabes qué? No creo que eso pase si no hay cuarta. Porque ya no somos aquellos que se conformaban con que el Sevilla quedara por encima del octavo puesto, ahora esos son otros.
Porque ya no somos aquellos que pinchaban cuando a la vista se nos ponía un horizonte de gloria. Ya no somos aquellos que salimos a la calle por un descenso administrativo, o que lloramos desconsolados en Oviedo. Ya no somos aquellos que llenábamos el Ramón Sánchez-Pizjuán a las doce del mediodía. Ya no somos aquellos... y lo seguimos siendo.
¿Sabes por qué, Sevilla? Porque la grandeza se obtiene sin vivir del pasado, pero sin olvidar de dónde se viene, lo que se ha pasado y lo que se ha sufrido. La grandeza se obtiene dejando atrás en la carretera, la parada obligatoria de una rivalidad que ya se nos quedó muy pequeña y que muchos se empeñan en recordar, necesitan recordar para darle algo de sentido a su afición por otro equipo y a sus propias vidas. La grandeza es saber que ya no somos aquellos, pero seguimos siendo los mismos. Los que hubieran firmado en junio del año pasado dejar las cosas como están. Con récord puntos y victorias, con nuestra décima clasificación europea en once años, con otra final europea a la que hay que llegar, y con muchas noches de gloria y de risas. Yo lo firmaba otra vez si no ganamos la copa, pero tú pon a hervir tu sangre, Sevilla.
Vuelve a emocionarme sin llorar porque ya no me quedan lágrimas. Hazme celebrarlo con la tranquilidad de quien celebra una bendita rutina, que ya estamos hasta acostumbrados a tus finales. Porque esa copa nos quiere, está a gusto aquí, como todo extranjero que viene y pisa tu suelo, se bebe tu alma en oro líquido, y te besa a la orilla del río, y te saborea en "la gloria del jamón con esas vetas blancas a los laos que parece la bandera del Sevilla", que decía Barbeito en su pregón.
Tráela de vuelta, Sevilla, pon a hervir la sangre roja, y disfruta las mieles del éxito, que de los fracasos ya nos ocupamos nosotros para decirte que te queremos igual. Y si no la traes... no pasa nada, pero tráela para que pase, para que vuelvas a hacer a más de la mitad de Sevilla la más feliz de Europa, la que más llora de alegría, la que más quiere a esa copa. Pon tu nombre en lo más alto de su base que vas a ser el primero, Sevilla, que pueda ponerlo cuatro veces. Yo no estoy nervioso, estoy confiado en que los guerreros de Nervión saldrán a por todas... tú solo pon a hervir tu sangre roja, y regálanos otra noche memorable, que quiero acabar como acabé las anteriores... llorando de alegría... mientras grito tu nombre....
25 mayo 2015
UNA DE MIEDO (Inspirado en hechos reales)
Hacía tiempo que la noche había caído en aquel paraje, que pese a las ruinas en las que se encontraba, tenía un punto idílico. "Quizá no ha sido buena idea", pensaba mientras veía cómo sus amigos se agrupaban sentados en círculo alrededor de la luz artificial en aquella galería del misterioso convento. Aunque era verano, la temperatura de la noche había caído... demasiado quizá, al extremo de que llegó a pensar que sólo hacía frío en aquel punto concreto del edificio, o al menos más frío que fuera de allí.
Todo había trascendido de las típicas bromas sobre valentía y sobre creencias, de la perogrullada sobre el atrevimiento a pasar una noche allí o no. En su mente no paraban de dar vueltas las habladurías sobre el sitio en concreto. Unas terroríficas y otras muy cómicas desmintiendo las anteriores y dando como motivo la incultura popular. El caso es que poca gente se atrevía a pasar allí ya no la noche, si no al menos unas horas cuando había anochecido. Tras la famosa apuesta firmaron el pacto de no irse de allí hasta una hora determinada de la madrugada.
El reloj marcaba la una y diez. Llevaban exactamente setenta minutos reunidos allí, aproximadamente veinte de ellos en silencio. Eran cinco amigos contándose él, incluida la chica que le gustaba. Sus veintipocos años les aportaban ese grado de valentía inducida por la locura a vivir experiencias fuertes. La noche estaba oscura y silenciosa, solo algunos perros ladraban en los cortijos cercanos pero se oían débilmente. De repente uno de ellos se levanto: "voy a cambiar el agua", a lo que él reaccionó rápidamente diciéndole "Espera te acompaño".
Salieron por uno de los grandes huecos del muro que daba al paraje solitario sobre le que a duras penas se sostenía el monasterio. Cuando su amigo terminó algo rompió el silencio. El grito femenino venía de dentro de la galería. Salieron corriendo en dirección al lugar de reunión y encontraron la luz rota y a sus amigos en una esquina de la galería. Las dos chicas se abrazaban nerviosas al chico que quedaba. "Alguien me ha tocado el pelo" -dijo la chica que le gustaba- "primero pensé que eras tú y al darme la vuelta no había nadie y luego..."
"¿Y luego qué?"-preguntó atemorizado.
"La luz se apagó y al volver darle al gas.... " No pudo terminar la frase y se echó a llorar...
"Hemos visto a alguien"-continuó el chico- "con... hábito"
"Si esto es una broma"- interrumpió su otro amigo- "no tiene ni puta gracia. A mí no me toquéis los cojones".
Diciendo esto su amigo, él sintió una bocanada de aire gélido, fugaz por su nuca que le puso los vellos de punta, y de repente en el silencio sonó una voz susurrante aunque con tonos graves y roncos: "Fuera...."
El grito común pudo oírse en toda la zona. Salieron como almas que lleva el diablo en busca del coche que esperaba fuera, dejaron allí el candil de gas y algunas mantas que ya no recuperarían. El coche, lejos de lo que él atisbaba (tras ver tantas películas americanas de terror) arrancó a la primera y casi como en un rally, su amigo condujo a toda velocidad por los caminos hasta llegar a la carretera.
Nunca volvieron a hablar de lo que pasó. Pero entendieron porqué en el pueblo había habladurías, quizá hasta por qué muchos preferían decir que eran fantasías y que allí no pasaba nada, pero sobre todo entendieron por qué nadie del pueblo, salvo algunos locos jóvenes con ganas de vivir experiencias fuertes, se atrevían a adentrarse en el Convento de los Frailes, una vez que la noche había caído sobre la ciudad....
Todo había trascendido de las típicas bromas sobre valentía y sobre creencias, de la perogrullada sobre el atrevimiento a pasar una noche allí o no. En su mente no paraban de dar vueltas las habladurías sobre el sitio en concreto. Unas terroríficas y otras muy cómicas desmintiendo las anteriores y dando como motivo la incultura popular. El caso es que poca gente se atrevía a pasar allí ya no la noche, si no al menos unas horas cuando había anochecido. Tras la famosa apuesta firmaron el pacto de no irse de allí hasta una hora determinada de la madrugada.
El reloj marcaba la una y diez. Llevaban exactamente setenta minutos reunidos allí, aproximadamente veinte de ellos en silencio. Eran cinco amigos contándose él, incluida la chica que le gustaba. Sus veintipocos años les aportaban ese grado de valentía inducida por la locura a vivir experiencias fuertes. La noche estaba oscura y silenciosa, solo algunos perros ladraban en los cortijos cercanos pero se oían débilmente. De repente uno de ellos se levanto: "voy a cambiar el agua", a lo que él reaccionó rápidamente diciéndole "Espera te acompaño".
Salieron por uno de los grandes huecos del muro que daba al paraje solitario sobre le que a duras penas se sostenía el monasterio. Cuando su amigo terminó algo rompió el silencio. El grito femenino venía de dentro de la galería. Salieron corriendo en dirección al lugar de reunión y encontraron la luz rota y a sus amigos en una esquina de la galería. Las dos chicas se abrazaban nerviosas al chico que quedaba. "Alguien me ha tocado el pelo" -dijo la chica que le gustaba- "primero pensé que eras tú y al darme la vuelta no había nadie y luego..."
"¿Y luego qué?"-preguntó atemorizado.
"La luz se apagó y al volver darle al gas.... " No pudo terminar la frase y se echó a llorar...
"Hemos visto a alguien"-continuó el chico- "con... hábito"
"Si esto es una broma"- interrumpió su otro amigo- "no tiene ni puta gracia. A mí no me toquéis los cojones".
Diciendo esto su amigo, él sintió una bocanada de aire gélido, fugaz por su nuca que le puso los vellos de punta, y de repente en el silencio sonó una voz susurrante aunque con tonos graves y roncos: "Fuera...."
El grito común pudo oírse en toda la zona. Salieron como almas que lleva el diablo en busca del coche que esperaba fuera, dejaron allí el candil de gas y algunas mantas que ya no recuperarían. El coche, lejos de lo que él atisbaba (tras ver tantas películas americanas de terror) arrancó a la primera y casi como en un rally, su amigo condujo a toda velocidad por los caminos hasta llegar a la carretera.
Nunca volvieron a hablar de lo que pasó. Pero entendieron porqué en el pueblo había habladurías, quizá hasta por qué muchos preferían decir que eran fantasías y que allí no pasaba nada, pero sobre todo entendieron por qué nadie del pueblo, salvo algunos locos jóvenes con ganas de vivir experiencias fuertes, se atrevían a adentrarse en el Convento de los Frailes, una vez que la noche había caído sobre la ciudad....
20 mayo 2015
ROMA (Un pequeño relato "histoerótico")
Roma.Pleno apogeo del imperio. El sol se ponía en aquella villa de campo y apenas se colaba por el amplio atrio de la zona central de la misma. Los mosaicos de la fuente y el patio ya casi se doraban por la luz anaranjada que destellaban los reflejos del incipiente sueño del Dios Titán. En la villa del Gobernador, todos se habían ido ya a sus cubiculums a descansar. Todos excepto el Gobernador que andaba con una pequeña lucerna de aceite en una mano, y una copa de vinum en la otra, caminando alrededor del peristilo de la casa, con su toga celeste y su clámide blanca. Andaba descalzo buscando el frescor de la piedra tallada y el mosaico en aquella casi noche veraniega.
Era admirado en su territorio por su juventud para el cargo que ocupaba. Su cabello era recio y de un color rubio oscuro que se doraba con el sol. Era alto, aunque no mucho, y corpulento, sin llegar a ser obeso. Sus brazos fuertes, y unos marcados muslos y gemelos por sus entrenamientos militares. Lucía en su mano derecha, en su meñique el sello de los elegidos. De los tocados en Roma por la riqueza y el poder. Así lo contaba su séquito de esclavos y algunos libertos que se quedaron bajo el manto de su amistad, por la protección que ofrecía ser amigos del Gobernador. Andaba deambulando por el columnado peristilo para comprobar que todos dormían, salvo una esclava que encontró perdida en los alrededores.
La primera vez que la vio supo que no sería siempre su esclava. Por más que la miraba, sabía que la única forma de amarla que tenía era hacerla su sirviente, pero que le daría la libertad tras mostrarle su corazón de hombre y no de poder. Abrió la puerta de madera lujosamente decorada que guardaba el cubículo de su elegida. Siempre recordaba al verla la primera vez que la tuvo ante sus ojos.
Su pelo era dorado y su tez clara. Reinaban en ella dos grandes ojos marrones, y unos labios perfectamente delineados. Era delgada pero muy sensual bajo la túnica de tul y el cinturón que ajustaba los pliegues a su cintura. Su trasero era firme y bien proporcionado, y sus piernas se le antojaban interminables para recorrerlas a besos. Ella se sobresalto al verlo entrar. No esperaba la visita del mismo Gobernador, allí, en su cubículo.
-Salve, amo- dijo bajando la vista al suelo y poniéndose en pié, depositando sus manos entrelazadas delante de su cintura.
-No te humilles- le replicó el Gobernador, dejando el vino y la lámpara sobre una mesa, y poniendo delicadamente su mano en la barbilla de la mujer, haciendo que levantara la mirada.
-Hoy no vengo a ti como tu amo, ni siquiera como emperador. Eros me ha llamado a tu aposento. Es la voluntad de los Dioses.
Ella entendió perfectamente su mirada. También había aprendido a amarle por el cariño con que fue tratada desde que la recogió en sus dominios. Sonrió dando su aprobación, y con una mirada maliciosa provocada por el morbo de lo que supondría tener al mismísimo Gobernador buceando entre sus piernas. Después de besarse, casi por instinto, soltó el broche de su hombro que era lo único que sujetaba su vestido como única prenda sobre su piel. El Gobernador hizo lo propio con su toga y se abrazaron con el ansia de sentir sus cuerpos desnudos fundiéndose poro a poro. En aquel abrazo, el ya casi erecto sexo del mandatario romano, rozaba juguetón la humedad de la entrepierna de la esclava.
Con un movimiento firme, la tomó en sus brazos y la depositó suavemente en el camastro, pasando a besarla y lamerla por completo hasta llegar a su clítoris. Echó mano de la copa de vinum, y fue dejando caer gotas con mucha habilidad por sus tobillos, pantorrillas, rodillas, muslos, vientre, pechos y cuello. Cada gota que caía sobre el cuerpo de su amada esclava era lamida dulcemente por su lengua y absorbida por sus labios.
Ella mientras besaba su boca y acariciaba su pelo con una de sus manos, masajeaba su miembro casi tirando de él para hacer que rozara con su clítoris, enfocándolo hacia su sexo ya muy húmedo. Pero él seguía siendo su amo, su Gobernador, y la voluntad de éste era muy distinta. Volvió a bajar a su clitoris, casi redondo, voluptuoso y palpitante. Parecía estar expuesto, ofreciéndose a ser comido y lamido con desesperación. Así lo hizo lo que provocó que ella se derramara en su boca para darle de beber néctar a su dueño.
El emperador subió las piernas de la esclava y las dobló pegándolas a su pecho, al tiempo que la penetró suave pero con un movimiento rápido. Solo dio varias embestidas no muy fuertes hasta que ella se electrocutó de nuevo y salió de ella. Ante la cara de extrañeza de su amada, se puso de pie junto al camastro y le dijo:
-Tu sabor es digno de Júpiter y Eros. No es un manjar digno de ser probado solo por mí. Recibe esta muestra y saboréala.
Ella no dudó en acatar la orden con mucho agrado y excitación, e introdujo con suavidad el falo de su protector en la boca. Con un arte magistral solo sus labios y su lengua lo acariciaban, al tiempo que el sujetaba su pelo sin tirar, dejando que fuera ella la que eligiera la velocidad y el ritmo. En algún momento quería recordar a su esclava su poder, y tiraba de su pelo dejando inmóvil su cabeza para ser él quien suavemente movía su sexo penetrándole la boca.
Casi tuvo que ser breve para no acabar y alargar el placer. La tomó de la cintura y la apoyó sobre el camastro para embestirla fuertemente desde atrás. Agarraba su pelo, lamía su cuello y su espalda, azotaba suavemente sus nalgas, acariciaba sus piernas y su clítoris, todo al tiempo que la penetraba una y otra vez, mientras ella gemía lo mas silenciosamente que podía para no despertar al resto de esclavos.
-Quiero beberte, Gobernador. Quiero que lo más profundo de ti entre en mi alma.- Acertó a decir entre gemidos notables.
-Ahora tu deseo será complacido- Respondió el mandatario.
La volvió a girar, y se tumbó sobre ella bombeándola cada vez más fuerte mientras ella arañaba dulcemente su espalda y volvía a descargar más flujo en la herramienta de su amo. Él no pudo aguantar más y con un movimiento rápido, bajó de la cama, y ofreció su pene a la mujer. Ella no dudó un sólo instante en reponder con su boca a la llamada, dejando que también sus labios de impregnaran con su néctar.
El Gobernador cayó rendido en el camastro y ella se tumbó a su lado y se echó en su pecho.
-Esta es la noche en la que los Dioses han decidido que elijas. Debes decidir entre quedarte aquí, o marchar a buscar tu destino. En cualquiera de las dos elecciones, serás una mujer libre...
Ella se sorprendió tanto por la amabilidad de su Gobernador que tuvo nítida la elección:
-No estaré nunca mejor que a tu lado, mi Gobernador...
Desde aquel día la Villa tuvo otro color. El color del dios Sol Titan que bañaba las tardes del dorado a los mosaicos. El color de las estrellas que más brillaban en Roma. Todo eso sería para ellos, como cómplices de momentos en aquella Villa, hasta el fin de los días. Villa que ya nunca sería la del futuro Emperador, pero no le importó. Siendo gobernador, ya se sentía el hombre más afortunado de todo el Imperio...
Era admirado en su territorio por su juventud para el cargo que ocupaba. Su cabello era recio y de un color rubio oscuro que se doraba con el sol. Era alto, aunque no mucho, y corpulento, sin llegar a ser obeso. Sus brazos fuertes, y unos marcados muslos y gemelos por sus entrenamientos militares. Lucía en su mano derecha, en su meñique el sello de los elegidos. De los tocados en Roma por la riqueza y el poder. Así lo contaba su séquito de esclavos y algunos libertos que se quedaron bajo el manto de su amistad, por la protección que ofrecía ser amigos del Gobernador. Andaba deambulando por el columnado peristilo para comprobar que todos dormían, salvo una esclava que encontró perdida en los alrededores.
La primera vez que la vio supo que no sería siempre su esclava. Por más que la miraba, sabía que la única forma de amarla que tenía era hacerla su sirviente, pero que le daría la libertad tras mostrarle su corazón de hombre y no de poder. Abrió la puerta de madera lujosamente decorada que guardaba el cubículo de su elegida. Siempre recordaba al verla la primera vez que la tuvo ante sus ojos.
Su pelo era dorado y su tez clara. Reinaban en ella dos grandes ojos marrones, y unos labios perfectamente delineados. Era delgada pero muy sensual bajo la túnica de tul y el cinturón que ajustaba los pliegues a su cintura. Su trasero era firme y bien proporcionado, y sus piernas se le antojaban interminables para recorrerlas a besos. Ella se sobresalto al verlo entrar. No esperaba la visita del mismo Gobernador, allí, en su cubículo.
-Salve, amo- dijo bajando la vista al suelo y poniéndose en pié, depositando sus manos entrelazadas delante de su cintura.
-No te humilles- le replicó el Gobernador, dejando el vino y la lámpara sobre una mesa, y poniendo delicadamente su mano en la barbilla de la mujer, haciendo que levantara la mirada.
-Hoy no vengo a ti como tu amo, ni siquiera como emperador. Eros me ha llamado a tu aposento. Es la voluntad de los Dioses.
Ella entendió perfectamente su mirada. También había aprendido a amarle por el cariño con que fue tratada desde que la recogió en sus dominios. Sonrió dando su aprobación, y con una mirada maliciosa provocada por el morbo de lo que supondría tener al mismísimo Gobernador buceando entre sus piernas. Después de besarse, casi por instinto, soltó el broche de su hombro que era lo único que sujetaba su vestido como única prenda sobre su piel. El Gobernador hizo lo propio con su toga y se abrazaron con el ansia de sentir sus cuerpos desnudos fundiéndose poro a poro. En aquel abrazo, el ya casi erecto sexo del mandatario romano, rozaba juguetón la humedad de la entrepierna de la esclava.
Con un movimiento firme, la tomó en sus brazos y la depositó suavemente en el camastro, pasando a besarla y lamerla por completo hasta llegar a su clítoris. Echó mano de la copa de vinum, y fue dejando caer gotas con mucha habilidad por sus tobillos, pantorrillas, rodillas, muslos, vientre, pechos y cuello. Cada gota que caía sobre el cuerpo de su amada esclava era lamida dulcemente por su lengua y absorbida por sus labios.
Ella mientras besaba su boca y acariciaba su pelo con una de sus manos, masajeaba su miembro casi tirando de él para hacer que rozara con su clítoris, enfocándolo hacia su sexo ya muy húmedo. Pero él seguía siendo su amo, su Gobernador, y la voluntad de éste era muy distinta. Volvió a bajar a su clitoris, casi redondo, voluptuoso y palpitante. Parecía estar expuesto, ofreciéndose a ser comido y lamido con desesperación. Así lo hizo lo que provocó que ella se derramara en su boca para darle de beber néctar a su dueño.
El emperador subió las piernas de la esclava y las dobló pegándolas a su pecho, al tiempo que la penetró suave pero con un movimiento rápido. Solo dio varias embestidas no muy fuertes hasta que ella se electrocutó de nuevo y salió de ella. Ante la cara de extrañeza de su amada, se puso de pie junto al camastro y le dijo:
-Tu sabor es digno de Júpiter y Eros. No es un manjar digno de ser probado solo por mí. Recibe esta muestra y saboréala.
Ella no dudó en acatar la orden con mucho agrado y excitación, e introdujo con suavidad el falo de su protector en la boca. Con un arte magistral solo sus labios y su lengua lo acariciaban, al tiempo que el sujetaba su pelo sin tirar, dejando que fuera ella la que eligiera la velocidad y el ritmo. En algún momento quería recordar a su esclava su poder, y tiraba de su pelo dejando inmóvil su cabeza para ser él quien suavemente movía su sexo penetrándole la boca.
Casi tuvo que ser breve para no acabar y alargar el placer. La tomó de la cintura y la apoyó sobre el camastro para embestirla fuertemente desde atrás. Agarraba su pelo, lamía su cuello y su espalda, azotaba suavemente sus nalgas, acariciaba sus piernas y su clítoris, todo al tiempo que la penetraba una y otra vez, mientras ella gemía lo mas silenciosamente que podía para no despertar al resto de esclavos.
-Quiero beberte, Gobernador. Quiero que lo más profundo de ti entre en mi alma.- Acertó a decir entre gemidos notables.
-Ahora tu deseo será complacido- Respondió el mandatario.
La volvió a girar, y se tumbó sobre ella bombeándola cada vez más fuerte mientras ella arañaba dulcemente su espalda y volvía a descargar más flujo en la herramienta de su amo. Él no pudo aguantar más y con un movimiento rápido, bajó de la cama, y ofreció su pene a la mujer. Ella no dudó un sólo instante en reponder con su boca a la llamada, dejando que también sus labios de impregnaran con su néctar.
El Gobernador cayó rendido en el camastro y ella se tumbó a su lado y se echó en su pecho.
-Esta es la noche en la que los Dioses han decidido que elijas. Debes decidir entre quedarte aquí, o marchar a buscar tu destino. En cualquiera de las dos elecciones, serás una mujer libre...
Ella se sorprendió tanto por la amabilidad de su Gobernador que tuvo nítida la elección:
-No estaré nunca mejor que a tu lado, mi Gobernador...
Desde aquel día la Villa tuvo otro color. El color del dios Sol Titan que bañaba las tardes del dorado a los mosaicos. El color de las estrellas que más brillaban en Roma. Todo eso sería para ellos, como cómplices de momentos en aquella Villa, hasta el fin de los días. Villa que ya nunca sería la del futuro Emperador, pero no le importó. Siendo gobernador, ya se sentía el hombre más afortunado de todo el Imperio...
11 mayo 2015
SER UN CABALLERO, SER DE CARMONA.
Hace mucho, cuando escribía en el desaparecido "Carmona Información" hice un artículo llamado "El parlamento carmonense". En aquel artículo hablaba de los ratitos de ocio en la pequeña Administración de Loterías que regenta Valentín Pinaglia y donde se daban cita para interesantísimas tertulias, gente de todo ámbito y parcelas sociales, de asociaciones, o de otros mundos culturales de nuestra ciudad.
Es enriquecedor para mi alma haber compartido y seguir de vez en cuando compartiendo, esas tertulias, y empapándome de la sabiduría y el cariño que se aportaba en ellas.
Pues bien, uno de los frecuentes aunque de escasa permanencia en ese local, era un señor, que desde el primer día que me dio la mano y me presenté, pude captar sus amplias virtudes. Imponía con su porte alto y sus manos grandes. Su rostro dejaba ver el paso de los años pero albergando un estado mental impropio de avatares de paso del tiempo. Su acento no parecía de aquí, pero su pensamiento y su corazón a la hora de hablar, sí que lo eran.
Y efectivamente no era nacido en Carmona, pero por su dilatada presencia en nuestro terruño, me atreví a pensar que su sangre tenía luceros de ocho puntas por glóbulos rojos, bañándose en un flujo sanguíneo que lejos de ser granate, parecía haberse vuelto azul y blanco. Hombre que mezclaba a la perfección la rectitud de las formas en sus opiniones, quizá a veces en extremo, con la comprensión y una de las virtudes que más valoro en el ser humano: el sentido común.
Supe que había dedicado su vida a curtir otras vidas, el bonito y difícil oficio de la enseñanza (que no de la educación), aunque estoy seguro que también se ocupó de educar, además de enseñar, a tantos alumnos que ahora, con el paso de los años, guardan hacia él, el mayor tributo que un profesor de aquellos años pueda tener: el cariño y el respeto al recordarlo.
Siempre me saluda con una sonrisa, porque me sabe buen amigo de corazón de su hijo, el dueño de ese "Parlamento carmonense". Siempre tiene una palabra de cariño, siempre un gesto de humor, y cuando una conversación se torna seria, una frase que sentencia y ante la que hay que claudicar por la sabiduría con la que la emite. Cualidades que extrañan si se producen en Carmona, pero claro, él no había nacido aquí, aunque fuera uno más de nosotros desde hace muchísimos años.
Cuando supe que se le iba a nombrar hijo adoptivo de Carmona, no dudé un segundo por mi experiencia con él, del merecimiento tan alto de ese galardón, porque dice la copla que "amor con amor se paga", y el cariño también, y Don Valentín Pinaglia Villalón, de quién les hablo, ahora recibe (quizá un poco tarde, pero al menos, vivo y plenas facultades mentales) el cariño que sembró en tantas personas que hoy son gente de provecho. Las mismas que han firmado su expediente, entre las que me honra encontrarme con mi peña "Los Pitos de Caña", junto con un sin fin de asociaciones de la localidad.
Ya que no pude estar en el acto institucional de ese nombramiento, vaya desde aquí mi felicitación pública, mi abrazo a Valentín junior y a toda su familia, porque saben que me alegro de corazón porque Don Valentín, sea ya, oficialmente, un carmonense más. Estoy seguro que ahora brillarán con más fuerza esos luceros de ocho puntas, que tiene por glóblulos rojos en su sangre blanquiazul... la misma que le corre por las venas a su hijo, magnífica herencia por cierto, que junto a la de sus años como docente, nos ha legado el Señor Pinaglia Villalón, y yo me siento afortunado de disfrutarla.
ENHORABUENA.
Es enriquecedor para mi alma haber compartido y seguir de vez en cuando compartiendo, esas tertulias, y empapándome de la sabiduría y el cariño que se aportaba en ellas.
Pues bien, uno de los frecuentes aunque de escasa permanencia en ese local, era un señor, que desde el primer día que me dio la mano y me presenté, pude captar sus amplias virtudes. Imponía con su porte alto y sus manos grandes. Su rostro dejaba ver el paso de los años pero albergando un estado mental impropio de avatares de paso del tiempo. Su acento no parecía de aquí, pero su pensamiento y su corazón a la hora de hablar, sí que lo eran.
Y efectivamente no era nacido en Carmona, pero por su dilatada presencia en nuestro terruño, me atreví a pensar que su sangre tenía luceros de ocho puntas por glóbulos rojos, bañándose en un flujo sanguíneo que lejos de ser granate, parecía haberse vuelto azul y blanco. Hombre que mezclaba a la perfección la rectitud de las formas en sus opiniones, quizá a veces en extremo, con la comprensión y una de las virtudes que más valoro en el ser humano: el sentido común.
Supe que había dedicado su vida a curtir otras vidas, el bonito y difícil oficio de la enseñanza (que no de la educación), aunque estoy seguro que también se ocupó de educar, además de enseñar, a tantos alumnos que ahora, con el paso de los años, guardan hacia él, el mayor tributo que un profesor de aquellos años pueda tener: el cariño y el respeto al recordarlo.
Siempre me saluda con una sonrisa, porque me sabe buen amigo de corazón de su hijo, el dueño de ese "Parlamento carmonense". Siempre tiene una palabra de cariño, siempre un gesto de humor, y cuando una conversación se torna seria, una frase que sentencia y ante la que hay que claudicar por la sabiduría con la que la emite. Cualidades que extrañan si se producen en Carmona, pero claro, él no había nacido aquí, aunque fuera uno más de nosotros desde hace muchísimos años.
Cuando supe que se le iba a nombrar hijo adoptivo de Carmona, no dudé un segundo por mi experiencia con él, del merecimiento tan alto de ese galardón, porque dice la copla que "amor con amor se paga", y el cariño también, y Don Valentín Pinaglia Villalón, de quién les hablo, ahora recibe (quizá un poco tarde, pero al menos, vivo y plenas facultades mentales) el cariño que sembró en tantas personas que hoy son gente de provecho. Las mismas que han firmado su expediente, entre las que me honra encontrarme con mi peña "Los Pitos de Caña", junto con un sin fin de asociaciones de la localidad.
Ya que no pude estar en el acto institucional de ese nombramiento, vaya desde aquí mi felicitación pública, mi abrazo a Valentín junior y a toda su familia, porque saben que me alegro de corazón porque Don Valentín, sea ya, oficialmente, un carmonense más. Estoy seguro que ahora brillarán con más fuerza esos luceros de ocho puntas, que tiene por glóblulos rojos en su sangre blanquiazul... la misma que le corre por las venas a su hijo, magnífica herencia por cierto, que junto a la de sus años como docente, nos ha legado el Señor Pinaglia Villalón, y yo me siento afortunado de disfrutarla.
ENHORABUENA.
08 mayo 2015
LO DE LOS "PRE"
Pensaba yo en hacer un "Pre-artículo", sin "Pre-juicios" sobre todas las antesalas que se están poniendo de moda en ciertos sectores de nuestra ciudad cuando se avecina cualquiera de nuestras tradicionales fiestas. Hace poco en Twitter vienen anunciando ya una "Pre-feria", y la verdad, lo primero que me ha venido a la mente ha sido un "Pre-lamento", por cómo lejos de cambiar de forma natural, nuestras tradiciones se van degradando progresivamente hacia un punto en el que no las va a reconocer ni la madre que las parió.
Yo entiendo que cierto sector, sobre todo joven, tenga ganas (porque para eso están en la edad) de buscar la mínima excusa para divertirse, o en ciertos casos también, emborracharse hasta el "Pre coma etílico". Entiendo que haya gente que como los que yo vamos teniendo cierta edad, prefiera seguir la estela porque para tomarse una copa basta que pase una mosca volando para buscar un motivo. Pero entiendo que haya otro sector importante (yo soy de ellos) que se hayan criado en unos "tempos" y unas tradiciones que les gusta mejorar, pero no cambiar porque sí.
Entiendo también que para el gremio de la hostelería y las copas, para algunas empresas de este gremio en concreto, sea un recurso para hacer "Pre-caja" de cara a la feria. Lo único que espero es que esta moda de las fiestas de "Pre-feria" un fin de semana antes de la misma, no sea el "Preámbulo" de noches de guardia moviditas en urgencias, en la Policía Local, Guardia Civil, etc... Pero más allá de esta cuestión que es puramente responsabilidad de unos jóvenes (cuya mayoría son mayores de edad, otros no) que se van a juntar para bailar (¿sólo sevillanas?) y beber hasta que el hígado saque la bandera blanca, y responsabilidad de sus progenitores, está la cuestión que decía de la tradición.
Miren, yo lo tengo muy claro. Es una lástima que para muchos jóvenes, que son los que deberían heredar, ciudar y mantener nuestras tradiciones (aunque sean libres de mejorarlas en muchos aspectos), la "Pre-feria" sea solo una serie de juergas nocturnas con alcohol de por medio. Pienso en tantas asociaciones y peñas señeras de la localidad, y me pregunto qué pensarán esos hombres, que en su día fueron chavales (ahí esta el archivo recién recuperado de TVCarmona de la feria del 90) que aprendieron a hacer auténticas "Pre-Ferias".
Es como lo de que en Carmona la tradicional "Noche del Pescaíto" ya sea la del martes previo al "Alumbrao" con el fin de montaje de las casetas, y no la del propio alumbrao que ahora es "noche de Cena" como si en lugar de la feria, la gente de las casetas fuera a una boda o a una comunión (que ya se han puesto igual o peor de pijas que las bodas). Que le pregunten al "Búcaro" o al "Perol" o a "La Giraldilla" o a "Los Tranquilotes" o a "La Amistad" o a "Los de la luz" o a los "Sin Hora" o....
Que le pregunten a ellos y dirán que la mejor "Pre-feria" es la de las noches de Lunes y Martes, en compadreo, risas y sudores, montando o acabando de montar los últimos detalles de sus casetas. Pero claro, yo solo expreso mi opinión. Ni quiero cargar contra la juventud, ni con su forma de hacer las cosas, yo sólo me lamento por una "Pre-pérdida" de valores y tradiciones que durante muchísimos años hicieron una feria grande. Aquella en la que la gente no se iba a la playa, no había botellonas ni casetas "discoteca electrónica", y la gente podía llevar la comida de casa a las casetas. Una feria donde el vino regaba más que el engendro ese raro del "Rebujito" y se sabía beber, cantar y bailar hasta que el cuerpo daba un "Pre-aviso" de cansancio.
Yo es que lo de los "Pre" nunca lo he llevado muy bien, y menos si son una excusa como digo para perder tradiciones que nuestros mayores nos legaron con toda la ilusión del mundo. Cada cosa tiene su fecha, que dentro de nada tendremos fiestas y botellonas de "Pre-Carnaval", "Pre-Semana Santa" o "Pre-Navidad"... y por más "Pre-fiestas" que hagan no creo yo que logren que el calendario alargue los días de fiesta, pero las tradiciones y la forma de verlas y vivirlas, sí que se las van a cargar a este paso....
Yo entiendo que cierto sector, sobre todo joven, tenga ganas (porque para eso están en la edad) de buscar la mínima excusa para divertirse, o en ciertos casos también, emborracharse hasta el "Pre coma etílico". Entiendo que haya gente que como los que yo vamos teniendo cierta edad, prefiera seguir la estela porque para tomarse una copa basta que pase una mosca volando para buscar un motivo. Pero entiendo que haya otro sector importante (yo soy de ellos) que se hayan criado en unos "tempos" y unas tradiciones que les gusta mejorar, pero no cambiar porque sí.
Entiendo también que para el gremio de la hostelería y las copas, para algunas empresas de este gremio en concreto, sea un recurso para hacer "Pre-caja" de cara a la feria. Lo único que espero es que esta moda de las fiestas de "Pre-feria" un fin de semana antes de la misma, no sea el "Preámbulo" de noches de guardia moviditas en urgencias, en la Policía Local, Guardia Civil, etc... Pero más allá de esta cuestión que es puramente responsabilidad de unos jóvenes (cuya mayoría son mayores de edad, otros no) que se van a juntar para bailar (¿sólo sevillanas?) y beber hasta que el hígado saque la bandera blanca, y responsabilidad de sus progenitores, está la cuestión que decía de la tradición.
Miren, yo lo tengo muy claro. Es una lástima que para muchos jóvenes, que son los que deberían heredar, ciudar y mantener nuestras tradiciones (aunque sean libres de mejorarlas en muchos aspectos), la "Pre-feria" sea solo una serie de juergas nocturnas con alcohol de por medio. Pienso en tantas asociaciones y peñas señeras de la localidad, y me pregunto qué pensarán esos hombres, que en su día fueron chavales (ahí esta el archivo recién recuperado de TVCarmona de la feria del 90) que aprendieron a hacer auténticas "Pre-Ferias".
Es como lo de que en Carmona la tradicional "Noche del Pescaíto" ya sea la del martes previo al "Alumbrao" con el fin de montaje de las casetas, y no la del propio alumbrao que ahora es "noche de Cena" como si en lugar de la feria, la gente de las casetas fuera a una boda o a una comunión (que ya se han puesto igual o peor de pijas que las bodas). Que le pregunten al "Búcaro" o al "Perol" o a "La Giraldilla" o a "Los Tranquilotes" o a "La Amistad" o a "Los de la luz" o a los "Sin Hora" o....
Que le pregunten a ellos y dirán que la mejor "Pre-feria" es la de las noches de Lunes y Martes, en compadreo, risas y sudores, montando o acabando de montar los últimos detalles de sus casetas. Pero claro, yo solo expreso mi opinión. Ni quiero cargar contra la juventud, ni con su forma de hacer las cosas, yo sólo me lamento por una "Pre-pérdida" de valores y tradiciones que durante muchísimos años hicieron una feria grande. Aquella en la que la gente no se iba a la playa, no había botellonas ni casetas "discoteca electrónica", y la gente podía llevar la comida de casa a las casetas. Una feria donde el vino regaba más que el engendro ese raro del "Rebujito" y se sabía beber, cantar y bailar hasta que el cuerpo daba un "Pre-aviso" de cansancio.
Yo es que lo de los "Pre" nunca lo he llevado muy bien, y menos si son una excusa como digo para perder tradiciones que nuestros mayores nos legaron con toda la ilusión del mundo. Cada cosa tiene su fecha, que dentro de nada tendremos fiestas y botellonas de "Pre-Carnaval", "Pre-Semana Santa" o "Pre-Navidad"... y por más "Pre-fiestas" que hagan no creo yo que logren que el calendario alargue los días de fiesta, pero las tradiciones y la forma de verlas y vivirlas, sí que se las van a cargar a este paso....
04 mayo 2015
SE APAGÓ "LA VOZ" (Hasta siempre, Jesús)
¿Sabes, Maestro? Yo cuando mis amigos preguntaban al principio qué tal mi experiencia en el doblaje, siempre contaba tu historia...
Siempre contaba que mi voz de referencia, había sido aquella que en la radio de todos los andaluces, decía aquello de: "Andalucía... tres de la tarde"... o lo de "Canal Sur Radio en Sevilla"... o tantos otros indicativos.
Siempre contaba que el primer día que me crucé contigo y te puse cara, me dirigiste un simple "Gracias" cuando entrabas a Alta Frecuencia y yo salía y te abrí la puerta para entrar...
¿Recuerdas? Sólo alcancé a balbucear un: "...¿Je...Jesús Prieto?" Y tú me diste la mano y te dije que era un novato y que te consideraba un maestro. Y le quitaste importancia.
Siempre contaba aquella charla de casi cuarenta minutos de espera en la puerta mientras echábamos un cigarro donde me contaste toda tu experiencia en radio y doblaje y me dabas consejos...
Y todo eso ha venido de golpe a mi memoria cuando me he enterado que ya no estás. Me ha venido aquel maldito cigarro en el jardín de "Factoría de Ruidos" en Gines donde te pregunté por verte un gesto serio que qué te pasaba y tus palabras fueron "estoy jodido".... y no quise ahondar y seguir preguntándote por el respeto que siempre me causabas.
Y me ha venido el día que volvimos a verte tras tu operación, contando con los ojos brillantes que todo había salido bien, mas delgado, que las "habías pasado putas", pero que ya estabas activo. Los abrazos de todos, la alegría de todos...
Recuerdo tus anécdotas de doblaje en cada pausa, recuerdo cómo te he seguido admirando siempre, por ser para mí y para muchísimos oídos "LA VOZ" de Andalucía.
Recuerdo las bromas de los compañeros de atril, diciéndome que si yo era familia tuya por llevar tu mismo apellido y que yo era un "enchufao" tuyo...
Y yo soy nuevo, imagino la de recuerdos y buenas anécdotas que tendrán el resto de compañeros veteranos contigo. Los que empezaron contigo en los 80 a ponerse delante de un atril a ponerle voz a nuestras vidas...
Si yo te conozco desde hace cuatro años, pero parece que has estado en mi vida siempre, porque tu voz lo ha estado, ahora me niego a aceptar que te hayas ido. No quiero, no me sale, no puedo...
Maldito Lunes negro, que además se ha quedado mudo. Porque ya no está LA VOZ. Pero lo peor es que ya no está la persona. El Ponferradino que nos hacía las mañanas de doblaje más llevaderas con su forma de decir las cosas y su acento norteño.
No sé como decirte adiós... tampoco me sale... también me niego... tú nunca te irás del todo, tu voz siempre va a quedar en nuestra memoria, en nuestros oídos, en nuestros corazones... Junto a la de los que fueron tan grandes como tú. Constantino seguro que está deseando verte llegar al atril del cielo y echarse contigo unas risas.
Nosotros en el Colectivo de Actores de Doblaje de Sevilla nos hemos quedado huérfanos. Eres un mamón, mira que irte sin avisar.... en fin... eso era muy tuyo. No se puede ser más humilde siendo tan grande.
He derramado lágrimas por ti, que nunca pensé que derramaría. Porque uno nunca acepta el pensamiento de que sus ídolos se marchen, y menos cuando has aprendido de ellos, convivido con ellos, trabajad con ellos.... y eso me pasó contigo.
Yo si algo voy a llevar siempre a gala, es que aprendí, conocí y compartí doblaje con LA VOZ, y lo más importante, con la persona que emanaba esa voz, y que si la voz era grande, mucho más lo era su dueño... nunca te olvidaré, nunca te olvidaremos.
Hasta siempre, Jesús Prieto. Un honor y una suerte haberte conocido.
Siempre contaba que mi voz de referencia, había sido aquella que en la radio de todos los andaluces, decía aquello de: "Andalucía... tres de la tarde"... o lo de "Canal Sur Radio en Sevilla"... o tantos otros indicativos.
Siempre contaba que el primer día que me crucé contigo y te puse cara, me dirigiste un simple "Gracias" cuando entrabas a Alta Frecuencia y yo salía y te abrí la puerta para entrar...
¿Recuerdas? Sólo alcancé a balbucear un: "...¿Je...Jesús Prieto?" Y tú me diste la mano y te dije que era un novato y que te consideraba un maestro. Y le quitaste importancia.
Siempre contaba aquella charla de casi cuarenta minutos de espera en la puerta mientras echábamos un cigarro donde me contaste toda tu experiencia en radio y doblaje y me dabas consejos...
Y todo eso ha venido de golpe a mi memoria cuando me he enterado que ya no estás. Me ha venido aquel maldito cigarro en el jardín de "Factoría de Ruidos" en Gines donde te pregunté por verte un gesto serio que qué te pasaba y tus palabras fueron "estoy jodido".... y no quise ahondar y seguir preguntándote por el respeto que siempre me causabas.
Y me ha venido el día que volvimos a verte tras tu operación, contando con los ojos brillantes que todo había salido bien, mas delgado, que las "habías pasado putas", pero que ya estabas activo. Los abrazos de todos, la alegría de todos...
Recuerdo tus anécdotas de doblaje en cada pausa, recuerdo cómo te he seguido admirando siempre, por ser para mí y para muchísimos oídos "LA VOZ" de Andalucía.
Recuerdo las bromas de los compañeros de atril, diciéndome que si yo era familia tuya por llevar tu mismo apellido y que yo era un "enchufao" tuyo...
Y yo soy nuevo, imagino la de recuerdos y buenas anécdotas que tendrán el resto de compañeros veteranos contigo. Los que empezaron contigo en los 80 a ponerse delante de un atril a ponerle voz a nuestras vidas...
Si yo te conozco desde hace cuatro años, pero parece que has estado en mi vida siempre, porque tu voz lo ha estado, ahora me niego a aceptar que te hayas ido. No quiero, no me sale, no puedo...
Maldito Lunes negro, que además se ha quedado mudo. Porque ya no está LA VOZ. Pero lo peor es que ya no está la persona. El Ponferradino que nos hacía las mañanas de doblaje más llevaderas con su forma de decir las cosas y su acento norteño.
No sé como decirte adiós... tampoco me sale... también me niego... tú nunca te irás del todo, tu voz siempre va a quedar en nuestra memoria, en nuestros oídos, en nuestros corazones... Junto a la de los que fueron tan grandes como tú. Constantino seguro que está deseando verte llegar al atril del cielo y echarse contigo unas risas.
Nosotros en el Colectivo de Actores de Doblaje de Sevilla nos hemos quedado huérfanos. Eres un mamón, mira que irte sin avisar.... en fin... eso era muy tuyo. No se puede ser más humilde siendo tan grande.
He derramado lágrimas por ti, que nunca pensé que derramaría. Porque uno nunca acepta el pensamiento de que sus ídolos se marchen, y menos cuando has aprendido de ellos, convivido con ellos, trabajad con ellos.... y eso me pasó contigo.
Yo si algo voy a llevar siempre a gala, es que aprendí, conocí y compartí doblaje con LA VOZ, y lo más importante, con la persona que emanaba esa voz, y que si la voz era grande, mucho más lo era su dueño... nunca te olvidaré, nunca te olvidaremos.
Hasta siempre, Jesús Prieto. Un honor y una suerte haberte conocido.
17 abril 2015
OTRO TIPO DE "SUPERVIVIENTES"
Pues sí, lo admito, he caído. He vuelto a ver "Supervivientes". Pero la ocasión lo merecía. El caso es que no he podido (ni querido) verlo entero, porque ya sabéis lo que pienso de los "realitys" y sobre todo de la mayoría, no todos, pero sí la mayoría de sus invitados. Cuando he llegado a casa de ver ganar (otra vez) a mi Sevilla F.C., zappeando he parado un poco en Telecinco. Carmona es un pueblo muy "pequeño" en el sentido de que cuando un personaje conocido de nuestra tierra como es Carmen Gahona se apunta a un programa de televisión nacional, lo lógico es que genere interés. Por eso he usado "pueblo" y no "ciudad", pero a lo que vamos. Carmen en este pueblo ha sido: empresaria, trabajadora (mucho, muchísimo), candidata a alcaldesa, rociera, madre luchadora y no sé cuántas cosas más. Yo la conocí gracias a mi primera etapa en "Onda Carmona" cuando los estudios estaban en la Plaza de Abastos, donde ella regentaba su restaurante de comidas caseras "Ancá Carmela".
El caso es que en el descanso del partido, un vistazo a mi twitter me hizo leer que Carmen había sido descartada finalmente del programa "Supervivientes" por cuestiones médicas. Carmen tiene una enfermedad por desgracia muy común en nuestra sociedad: es diabética. Como mi madre... Como mi abuela... como mucha gente que conozco... Pero si ya tenían ese dato, punto primero, me parece absurdo haberla hecho ir a Honduras para luego no dejarla participar. He visto el momento en el que el conductor del show (ni nombrarlo quiero), le comunicaba que no podía participar, debido al alto riesgo que supondría para Carmen la dureza de las pruebas que se hacen en el programa, la ausencia de comida, o las condiciones del propio concurso. Lo cierto es que me ha dado lástima, no pena, que para sentir pena hay otras cosas más importantes en la vida. He visto a su hija Séfora (otra luchadora) mandarle apoyo y emocionarse ambas.
Pero más allá de la participación de Carmen en mi odiada, repulsiva, inculta y vomitiva prensa del corazón, el trasfondo que he visto en esta escena del descarte de Carmen Gahona me ha hecho percatarme de que no necesita estar en "Supervivientes" para ser uno de ellos. Pero no de los "Supervivientes" de Telecinco, sino de la vida. Ser diabético hoy en día, aunque hay muchos avances médicos, es una auténtica putada. Sobrevivir sabiendo que tienes que privarte de ciertos alimentos, controlarte (a veces de por vida) tu sangre y niveles, pincharte insulina o tomar pastillas (a veces de por vida) y seguir adelante sin derrumbarte, es de auténtico héroe, de auténtico Superviviente. La diabetes es algo que conozco muy bien, como decía, por causa de mi abuela y mi madre, y de muchos otros amigos y seres queridos que la han sufrido o la sufren.
Carmen es un "animal mediático" en potencia y en Telecinco lo saben. Pero no encuentro de recibo que la hagan ir a un programa para hacerla volver. Mi apoyo a Carmen y a toda su familia, pero no por el programa (ni por los platós que ahora hará seguramente, a quien Dios se la de, que San Pedro se la bendiga), sino por la lucha diaria que tuvo en su vida personal, y la que ahora tiene contra esa maldita lacra que se llama diabetes. De momento ha conseguido algo que nunca pensé que iba a hacer, que era ver durante más de 5 minutos un reality de Telecinco. Nunca olvidaré, Carmen, aquel riquísimo caldito del puchero que nos ofreciste a mi compadre Falcón y a mí, aquella noche fría en la que salíamos a las tantas de la radio, arreciítos y solitarios. Esa es la verdadera Carmen, la que espero que en la tele nunca conozcan, porque es un tesoro, generosa, valiente, humilde y rebelde, y ahora gracias a la tele me entero que también Superviviente. Y la tele mata a la gente así.
Lo dicho, hoy he visto "Supervivientes" y mi apoyo a Carmen, es precisamente por el handicap que la ha impedido participar. Y conste que lo he visto por ella.... aunque encontrarme con Lara Álvarez también ha ayudado, las cosas como son... Va por todos los auténticos SUPERVIVIENTES. Ánimo diabéticos.
El caso es que en el descanso del partido, un vistazo a mi twitter me hizo leer que Carmen había sido descartada finalmente del programa "Supervivientes" por cuestiones médicas. Carmen tiene una enfermedad por desgracia muy común en nuestra sociedad: es diabética. Como mi madre... Como mi abuela... como mucha gente que conozco... Pero si ya tenían ese dato, punto primero, me parece absurdo haberla hecho ir a Honduras para luego no dejarla participar. He visto el momento en el que el conductor del show (ni nombrarlo quiero), le comunicaba que no podía participar, debido al alto riesgo que supondría para Carmen la dureza de las pruebas que se hacen en el programa, la ausencia de comida, o las condiciones del propio concurso. Lo cierto es que me ha dado lástima, no pena, que para sentir pena hay otras cosas más importantes en la vida. He visto a su hija Séfora (otra luchadora) mandarle apoyo y emocionarse ambas.
Pero más allá de la participación de Carmen en mi odiada, repulsiva, inculta y vomitiva prensa del corazón, el trasfondo que he visto en esta escena del descarte de Carmen Gahona me ha hecho percatarme de que no necesita estar en "Supervivientes" para ser uno de ellos. Pero no de los "Supervivientes" de Telecinco, sino de la vida. Ser diabético hoy en día, aunque hay muchos avances médicos, es una auténtica putada. Sobrevivir sabiendo que tienes que privarte de ciertos alimentos, controlarte (a veces de por vida) tu sangre y niveles, pincharte insulina o tomar pastillas (a veces de por vida) y seguir adelante sin derrumbarte, es de auténtico héroe, de auténtico Superviviente. La diabetes es algo que conozco muy bien, como decía, por causa de mi abuela y mi madre, y de muchos otros amigos y seres queridos que la han sufrido o la sufren.
Carmen es un "animal mediático" en potencia y en Telecinco lo saben. Pero no encuentro de recibo que la hagan ir a un programa para hacerla volver. Mi apoyo a Carmen y a toda su familia, pero no por el programa (ni por los platós que ahora hará seguramente, a quien Dios se la de, que San Pedro se la bendiga), sino por la lucha diaria que tuvo en su vida personal, y la que ahora tiene contra esa maldita lacra que se llama diabetes. De momento ha conseguido algo que nunca pensé que iba a hacer, que era ver durante más de 5 minutos un reality de Telecinco. Nunca olvidaré, Carmen, aquel riquísimo caldito del puchero que nos ofreciste a mi compadre Falcón y a mí, aquella noche fría en la que salíamos a las tantas de la radio, arreciítos y solitarios. Esa es la verdadera Carmen, la que espero que en la tele nunca conozcan, porque es un tesoro, generosa, valiente, humilde y rebelde, y ahora gracias a la tele me entero que también Superviviente. Y la tele mata a la gente así.
Lo dicho, hoy he visto "Supervivientes" y mi apoyo a Carmen, es precisamente por el handicap que la ha impedido participar. Y conste que lo he visto por ella.... aunque encontrarme con Lara Álvarez también ha ayudado, las cosas como son... Va por todos los auténticos SUPERVIVIENTES. Ánimo diabéticos.
05 abril 2015
SEMANA SANTA _(VIII): SÁBADO SANTO
Se abre a las seis de la tarde la puerta de la nostalgia. La que nos invade a todos los cofrades por saber que la vida de la Semana se agota. El cortejo exquisito donde todos caben para dar Santo Entierro a un Señor de Buiza, antes de que la calle quede en la más melancólica Soledad. En ese sepulcro que siempre debería haber estado (y tiene que volver YA) al refugio de la "Señá Santa Ana", no sólo cabe el cuerpo sin vida del Hombre más grande de todos los tiempos. Caben la fe y los corazones divididos de los cristianos entre la tristeza de la muerte y la alegría de la resurrección que se producirá en unas horas.
Cabe la pasión entera en forma de estandartes y varas que aportan el colorido a la jornada gris en el ánimo de nuestras vidas. Y cabe la vida de todos nosotros, la que representan la Iglesia, las Fuerzas de Seguridad y Orden Público, y el Ayuntamiento. Y cabe una nueva cuenta atrás que comienza a las doce de la noche cuando las campanas anuncien a los creyentes que la profecía se vuelve a cumplir y Cristo sigue vivo en nuestros corazones. Donde él dijo que estaba el Reino de los Cielos, en nuestro propio interior, donde radica, nace y aflora la fe.
La Soledad que nos legara Francisco Buiza no nos deja nunca estar solos, y si llegamos a estarlo con ella encontramos el consuelo de la compañía del Sábado más santo de la ciudad. Y a partir de ahí todo vuelve a fluir, que decían los griegos. Fluye la Pascua de Resurreción, fluye otro año entero de trabajo puertas adentro de las hermandades que el noventa por ciento de la ciudad no conoce. Todo empieza a limpiarse y guardarse con un rito que en realidad es volver a empezar la Semana Santa del año siguiente.
Es nuevo comienzo con apellido de fin que no lo es tanto. Las profecías se cumplieron, los pies están doloridos, y el alma entristecida pero con un halo de Esperanza. La Esperanza verde de nuestras almas que contarán 349 días hacia atrás en el calendario, mientras se viven Corpus y Novena que harán que la espera pase más deprisa. El orden de todas las cosas se mantiene como se mantiene el orden exquisito del cortejo del Santo Entierro, la hermandad joven de Carmona que desde el primer día aprendió a hacer bien las cosas y las mejoró a pesar del deshaucio de su casa.
No sólo ha resucitado el Señor, todos los cofrades lo hemos hecho, empezamos un año nuevo, una espera nueva, una vida nueva. Y si esta Semana ha servido para que muchos (incluso los no creyentes del todo) sean un poco mejores durante siete días, aquel martirio y muerte del Hombre de Nazaret ya simplemente por eso tiene sentido. Vuelve a tenerlo, y así ha sido durante dos mil años, y así será como el propio Jesús dijo a sus Apóstoles en la resurrección: "No temáis... yo siempre estaré con vosotros... hasta el fin de los tiempos."
Cabe la pasión entera en forma de estandartes y varas que aportan el colorido a la jornada gris en el ánimo de nuestras vidas. Y cabe la vida de todos nosotros, la que representan la Iglesia, las Fuerzas de Seguridad y Orden Público, y el Ayuntamiento. Y cabe una nueva cuenta atrás que comienza a las doce de la noche cuando las campanas anuncien a los creyentes que la profecía se vuelve a cumplir y Cristo sigue vivo en nuestros corazones. Donde él dijo que estaba el Reino de los Cielos, en nuestro propio interior, donde radica, nace y aflora la fe.
La Soledad que nos legara Francisco Buiza no nos deja nunca estar solos, y si llegamos a estarlo con ella encontramos el consuelo de la compañía del Sábado más santo de la ciudad. Y a partir de ahí todo vuelve a fluir, que decían los griegos. Fluye la Pascua de Resurreción, fluye otro año entero de trabajo puertas adentro de las hermandades que el noventa por ciento de la ciudad no conoce. Todo empieza a limpiarse y guardarse con un rito que en realidad es volver a empezar la Semana Santa del año siguiente.
Es nuevo comienzo con apellido de fin que no lo es tanto. Las profecías se cumplieron, los pies están doloridos, y el alma entristecida pero con un halo de Esperanza. La Esperanza verde de nuestras almas que contarán 349 días hacia atrás en el calendario, mientras se viven Corpus y Novena que harán que la espera pase más deprisa. El orden de todas las cosas se mantiene como se mantiene el orden exquisito del cortejo del Santo Entierro, la hermandad joven de Carmona que desde el primer día aprendió a hacer bien las cosas y las mejoró a pesar del deshaucio de su casa.
No sólo ha resucitado el Señor, todos los cofrades lo hemos hecho, empezamos un año nuevo, una espera nueva, una vida nueva. Y si esta Semana ha servido para que muchos (incluso los no creyentes del todo) sean un poco mejores durante siete días, aquel martirio y muerte del Hombre de Nazaret ya simplemente por eso tiene sentido. Vuelve a tenerlo, y así ha sido durante dos mil años, y así será como el propio Jesús dijo a sus Apóstoles en la resurrección: "No temáis... yo siempre estaré con vosotros... hasta el fin de los tiempos."
04 abril 2015
SEMANA SANTA (VII): VIERNES SANTO
¿Saben ustedes lo que ve se desde el silencio, detrás del silencio? Si nunca han vivido la experiencia yo se lo cuento. Se ve la extensión de la esperanza con los primeros rayos de sol de la tarde, sofocantes pero silenciosos, para que Dios por primera vez en las calles de Carmona a estas horas, cobije a los Desamparados. Se ve el rito del esparto en un gran número de casas adentro, se ve una cruz de Jerusalem y una medalla de cordón rojo sangre. Se ve el camino que según las normas "el hermano hará solo, sin hablar con nadie y por el camino más corto hasta la Iglesia".
Y en ese camino corto de la Humildad del Nazareno y la Paciencia del que esperó al Viernes de nuestras vidas, desde el silencio se ve cómo el blanco ilumina la caída de una tarde, que a pesar de ser la de un Viernes Santo y a pesar de conmemorar la muerte del Hombre más grande todos los tiempos, se torna viernes de "Dolores" en palios de cajón. Se ve el bullicio y la algarabía de quien celebra el día de fiesta con las mejores galas, y se ve la tradición del traje o la corbata negra. Se ve la visita de mañana al Monumento por San Bartolomé, mientras el Señor de Carmona aguarda su catequesis de asfalto penitente.
Detrás del silencio se ve el morado y el negro nadando a través de un mar de blancos penitentes que, por la confluencia de horas, son los primeros en recibir a los primitivos nazarenos de Carmona camino a su formación de filas. Desde el silencio se ve una iglesia a oscuras, con un rezo hacia dentro, mientras los últimos coletazos del sol intentan colarse por las vidrieras. Se ve (se oye, más bien) el cerrojo de la puerta de la fe, que abre camino a la devoción nazarena primitiva, y se ve como desde el silencio, el Silencio se va abriendo paso callando el bullicio.
Desde el silencio se solía ver una garganta con sien plateada que nos recordaba la irónica "justa sentencia que mandó hacer Poncio Pilato" y que se quedó en el más eterno silencio. Ya nada volverá a ser igual sin Paco Moya en el crepúsculo eterno de los Viernes de la Semana. Pero detrás del silencio se siguen viendo las miradas de sobrecogimiento por el orden del cuerpo de los Primitivos, mientras en la noche callada, el viento trae el sonido de los tambores que marcan el paso blanco de un señor que espera con Humildad y Paciencia a su madre de Dolores. Y se ve, créanme, porque desde el silencio, detrás del silencio, oír las cosas es una forma de verlas.
Detrás del silencio se ve una virgen de diez varales con carita de porcelana, que huele a azahar y a madre nazarena; y suena a crujido de bambalina de plata, que l recuerda que "Un puñal atravesará Su alma". Y se ven corazones penitentes que nunca abandonarán su fila, mientras se enfundan en sus pasos la exquisita puntualidad durante tres horas divinas y eternas. Se ve la tradición que a veces no está reñida con la modernidad, y unas hermanas con la advocación de la Cruz que rezan cantando al Nazareno de los nazarenos.
Se ve (se oye más bien) de nuevo el cerrojo y el camino de vuelta del hermano de nuevo "solo, sin hablar con nadie y por el camino más corto" a desvestir el alma hasta que de nuevo se vista de negro y morado, y se ve la convivencia en la que se habla de cómo ha ido todo. Detrás del silencio, del de todo el año se rememoran montajes de pasos y altares de quinario, se planea una mañana de Corpus con una Pastora celestial, y se saborean los manjares que calman el vacío del ayuno.
Usted puede ver todo eso si se fija bien. Porque es es verdad que se pueden ver cosas desde el silencio, detrás del silencio, en el silencio, porque ese "silencio" del que le hablo es con el que cualquier hermano de "Nuestro Padre" convive desde que se levanta, hasta que llega a casa, después de haber cumplido con el rito de su Estación de Penitencia... detrás de su antifaz morado... detrás del Silencio... desde el Silencio...
Y en ese camino corto de la Humildad del Nazareno y la Paciencia del que esperó al Viernes de nuestras vidas, desde el silencio se ve cómo el blanco ilumina la caída de una tarde, que a pesar de ser la de un Viernes Santo y a pesar de conmemorar la muerte del Hombre más grande todos los tiempos, se torna viernes de "Dolores" en palios de cajón. Se ve el bullicio y la algarabía de quien celebra el día de fiesta con las mejores galas, y se ve la tradición del traje o la corbata negra. Se ve la visita de mañana al Monumento por San Bartolomé, mientras el Señor de Carmona aguarda su catequesis de asfalto penitente.
Detrás del silencio se ve el morado y el negro nadando a través de un mar de blancos penitentes que, por la confluencia de horas, son los primeros en recibir a los primitivos nazarenos de Carmona camino a su formación de filas. Desde el silencio se ve una iglesia a oscuras, con un rezo hacia dentro, mientras los últimos coletazos del sol intentan colarse por las vidrieras. Se ve (se oye, más bien) el cerrojo de la puerta de la fe, que abre camino a la devoción nazarena primitiva, y se ve como desde el silencio, el Silencio se va abriendo paso callando el bullicio.
Desde el silencio se solía ver una garganta con sien plateada que nos recordaba la irónica "justa sentencia que mandó hacer Poncio Pilato" y que se quedó en el más eterno silencio. Ya nada volverá a ser igual sin Paco Moya en el crepúsculo eterno de los Viernes de la Semana. Pero detrás del silencio se siguen viendo las miradas de sobrecogimiento por el orden del cuerpo de los Primitivos, mientras en la noche callada, el viento trae el sonido de los tambores que marcan el paso blanco de un señor que espera con Humildad y Paciencia a su madre de Dolores. Y se ve, créanme, porque desde el silencio, detrás del silencio, oír las cosas es una forma de verlas.
Detrás del silencio se ve una virgen de diez varales con carita de porcelana, que huele a azahar y a madre nazarena; y suena a crujido de bambalina de plata, que l recuerda que "Un puñal atravesará Su alma". Y se ven corazones penitentes que nunca abandonarán su fila, mientras se enfundan en sus pasos la exquisita puntualidad durante tres horas divinas y eternas. Se ve la tradición que a veces no está reñida con la modernidad, y unas hermanas con la advocación de la Cruz que rezan cantando al Nazareno de los nazarenos.
Se ve (se oye más bien) de nuevo el cerrojo y el camino de vuelta del hermano de nuevo "solo, sin hablar con nadie y por el camino más corto" a desvestir el alma hasta que de nuevo se vista de negro y morado, y se ve la convivencia en la que se habla de cómo ha ido todo. Detrás del silencio, del de todo el año se rememoran montajes de pasos y altares de quinario, se planea una mañana de Corpus con una Pastora celestial, y se saborean los manjares que calman el vacío del ayuno.
Usted puede ver todo eso si se fija bien. Porque es es verdad que se pueden ver cosas desde el silencio, detrás del silencio, en el silencio, porque ese "silencio" del que le hablo es con el que cualquier hermano de "Nuestro Padre" convive desde que se levanta, hasta que llega a casa, después de haber cumplido con el rito de su Estación de Penitencia... detrás de su antifaz morado... detrás del Silencio... desde el Silencio...
03 abril 2015
SEMANA SANTA (VI): JUEVES SANTO
Hasta que no he caminado buscando el coche para volver a casa, por las callejuelas solitarias del barrio de mis sueños, no he sido consciente de todo lo que ha pasado esta noche. Ni he sido consciente de la nostálgica pero bella estampa que es precisamente el barrio de mis sueños cuando todo acaba, cuando las puertas de Santiago se cierran no para recoger la cofradía, si no para custodiar los, ahora solitarios pasos de La Columna, cuando todo el mundo se ha marchado a casa o a recordar las anécdotas de esta noche con un café por delante.
Hasta que mis pies no me han avisado que ya estaba bien la noche, no he sido consciente de cómo venía andando el Señor en la Columna, de como ha iluminado la mecida elegante de la Virgen de la Paciencia, de cómo ha sido cómplice de la dulzura y el poderío la rosa malva del Cristo, de cómo han ayudado a la grandeza de la Virgen la rosa de pitiminí y la clavellina. De los nervios previos, del calor, de las amistades recuperadas, de los besos y gestos de ánimo y los deseos de "Buena Estación". De los pensamientos en quien me ha faltado a mi lado hoy... o debajo de los pasos... o detrás del antifaz azul...
Hasta que no he respirado el aire de la quietud de la madrugada en el barrio de los kíkilis no he sido consciente de que un año más cumplía el rito que llevo cumpliendo (a veces sin poder acabarlo por la neuralgia) desde los cinco años. De que todo volvía a ser como antes, como las noches que se auguraban mágicas por Fermín Molpeceres, como aquellas en las que se subía San Marcos y se bajaba Luis de Rueda. Todo volvía a ser como antes, cuando la Virgen de la Paciencia lucía esplendorosa sobre todo aquello que la acompañaba a su paso por las calles. Todo era como cuando a Macedo se le mete un ángel en la garganta y pronuncia palabras que llenan los ojos de lágrimas, y los cuellos de sus costaleros de una fuerza insospechada para dar levantás enormes.
Todo era como cuando Matute sabía hacer que sus hombres se pusieran de rodillas dos veces, y dos veces se levantaran como si nada, con lentitud, con mimo, y Santiago rompía en aplausos. Todo era como cuando brotaban las lágrimas de emoción y satisfacción al recogerse la Columna, o como cuando se paraba en la calle del "Porrita" para un refrigerio, o como cuando Lucía no era Hermana Mayor si no miembro del Grupo Joven. Todo era como cuando lo soñaba y me vestía de acólito para portar un cirial. Todo ha sido igual, pero renovado.
To ha sido así y yo no he sido consciente, hasta que no he recorrido las solitarias calles del barrio de mis sueños. Y me doy cuenta ahora, con mis pies doloridos, y mi alma curada otro año por la felicidad que me supone sentir lo que siento por mi Hermandad de la Columna, por su gente, por todo lo que supone, y por seguir deseando la utopía de vivir un día en el barrio de mis sueños. Todo se ha resumido en el tiempo efímero que pasa entre el "esto ya está aquí" y el "otro año más, a esperar al que viene". Y hay quien espera, otros lo sentimos cada día, y eso es lo mejor, porque cuando lo sientes cada día, y te hace un Jueves Santo como el de hoy, lo vives de forma tan intensa, que no eres consciente de que es como los de antes, como los de siempre. No eres consciente, hasta que no recorres las vacías y silenciosas calles de Santiago, cuando ya todo ha pasado...
Hasta que mis pies no me han avisado que ya estaba bien la noche, no he sido consciente de cómo venía andando el Señor en la Columna, de como ha iluminado la mecida elegante de la Virgen de la Paciencia, de cómo ha sido cómplice de la dulzura y el poderío la rosa malva del Cristo, de cómo han ayudado a la grandeza de la Virgen la rosa de pitiminí y la clavellina. De los nervios previos, del calor, de las amistades recuperadas, de los besos y gestos de ánimo y los deseos de "Buena Estación". De los pensamientos en quien me ha faltado a mi lado hoy... o debajo de los pasos... o detrás del antifaz azul...
Hasta que no he respirado el aire de la quietud de la madrugada en el barrio de los kíkilis no he sido consciente de que un año más cumplía el rito que llevo cumpliendo (a veces sin poder acabarlo por la neuralgia) desde los cinco años. De que todo volvía a ser como antes, como las noches que se auguraban mágicas por Fermín Molpeceres, como aquellas en las que se subía San Marcos y se bajaba Luis de Rueda. Todo volvía a ser como antes, cuando la Virgen de la Paciencia lucía esplendorosa sobre todo aquello que la acompañaba a su paso por las calles. Todo era como cuando a Macedo se le mete un ángel en la garganta y pronuncia palabras que llenan los ojos de lágrimas, y los cuellos de sus costaleros de una fuerza insospechada para dar levantás enormes.
Todo era como cuando Matute sabía hacer que sus hombres se pusieran de rodillas dos veces, y dos veces se levantaran como si nada, con lentitud, con mimo, y Santiago rompía en aplausos. Todo era como cuando brotaban las lágrimas de emoción y satisfacción al recogerse la Columna, o como cuando se paraba en la calle del "Porrita" para un refrigerio, o como cuando Lucía no era Hermana Mayor si no miembro del Grupo Joven. Todo era como cuando lo soñaba y me vestía de acólito para portar un cirial. Todo ha sido igual, pero renovado.
To ha sido así y yo no he sido consciente, hasta que no he recorrido las solitarias calles del barrio de mis sueños. Y me doy cuenta ahora, con mis pies doloridos, y mi alma curada otro año por la felicidad que me supone sentir lo que siento por mi Hermandad de la Columna, por su gente, por todo lo que supone, y por seguir deseando la utopía de vivir un día en el barrio de mis sueños. Todo se ha resumido en el tiempo efímero que pasa entre el "esto ya está aquí" y el "otro año más, a esperar al que viene". Y hay quien espera, otros lo sentimos cada día, y eso es lo mejor, porque cuando lo sientes cada día, y te hace un Jueves Santo como el de hoy, lo vives de forma tan intensa, que no eres consciente de que es como los de antes, como los de siempre. No eres consciente, hasta que no recorres las vacías y silenciosas calles de Santiago, cuando ya todo ha pasado...
02 abril 2015
SEMANA SANTA (V): MIERCOLES SANTO
¿Alguna vez ha probado usted algo con dos sabores?¿Una pizza, un helado?¿Un simple caramelo? En los días y las noches del Miércoles de la Semana también hay dos sabores para el alma. Son los sabores del arrabal de extramuros cuando se va llegando a San Francisco. Yo no respiro bien el Miércoles Santo si no oigo tañer la campana de la Capilla a las siete en punto de la tarde. Y es entonces cuando se prueba el primer sabor del día. El sabor del recogimiento que talló la mano inolvidable de Eslava, aderezado con un Descendimiento que tiñe de negro luto y silencio todo San Francisco.
Es el sabor bendito del racheo y del cimbrear de dos escaleras que se poyan en nuestras almas. Como me dijo esta mañana Antonio Bermudo: "El mejor patrimonio de la Quinta Angustia es el que nos han ido dejando nuestros antepasados". Pero el patrimonio de sobrecogerse, de la piedad por ese Cristo que desciende de su Cruz, del silencio en el que hablan las miradas cuando pasa, también es patrimonio de los antepasados de todos nosotros. Un patrimonio que estamos obligados a legar a nuestros hijos. Y les contaremos en ese patrimonio que la tarde se hizo noche cálida, y sin viento, para que la penumbra de Tinajería y Tahona ensalzara mucho más la inmensa cofradía del Descendimiento.
El patrimonio de tantas saetas quedará en los libros de historia de nuestros oídos, el del orden de los negros nazarenos en el tratado de nuestros ojos, y el de la estampa de una noche como esta en el tomo primero de nuestros recuerdos. Y así va pasando, callado, a paso largo unas veces y racheo cortito otras, el Señor del Descendimiento, casi sin que nos demos cuenta. Dejando tanto en tan poco tiempo. Arrancándonos una señal de la cruz por respeto, una plegaria para nuestros adentros, y puede que alguna lágrima al recordar a los que ya no están, y dejando paso por sorpresa al otro sabor.
El sabor de los pequeños que escoltan a una Virgen con la palabra "Madre" en su título, porque es Señora y MADRE de las Angustias. Y como Madre ampara a todo el barrio hasta el punto de llevar bajo su manto y su peana, prendas de hermanas y hermanos que están ahora inmersos en una batalla contra la peste del siglo veintiuno. Y que están luchando por ganarla, y su forma de pedirle fuerzas a las Angustias, y su forma de estar en la Estación de Penitencia, ha sido dejando sus prendas (muchas de ellas pañuelos) bajo su amparo.
Y es el sabor de la alegría y el fervor desbordados en dos calles estrechas con nombres de talleres de oficios antiguos, donde se fabricaban las tinajas para guardar lo que nos daría de beber y donde se cocía el pan nuestro de cada día. Y no se corta quien le sale del alma y la voz un "¡Angustias, guapa!", y no cesan los aplausos y las petaladas, al tiempo que se aguanta el paso para que caigan las flores y se baila sobre los pies bajo un paso, con la banda sonora de una banda del "Arrabal". Y el sabor de la belleza de una Virgen Morena que cuesta aguantarle la mirada sin emocionarse. Sin mirar al lado y ver cómo (por poner un ejemplo tan simple como grande) un hombre hace de lazarillo a su mujer invidente.
Yo los he visto y he rezado por ellos. Porque si grande es el esfuerzo de ella intentando imaginar lo que pasa por su ojos sin poder verlo, más grande es el esfuerzo de su esposo intentando ser sus ojos. ¿Qué le contará, Angustias, que ella no pueda imaginarse cuando te oye pasar? Te he pedido que los bendigas a ambos, por favor, atiende mi ruego.
Y tengo aun el regusto del sabor del "cangrejeo" por Tinajería mientras vi todo aquello, que todavía me queda en el paladar. Saboreo aún la marea de gente queriendo a las Angustias, siendo o no del barrio, mirándola andando hacia atrás, llorando de emoción porque saben que se acaba, y por el patio de la Capilla de San Francisco ilumina la luna del Jueves más Santo de todos los Jueves. Y tañe otra vez la campana y ahora haciendo acopio de tantas emociones, me queda el dolor en el corazón porque no habrá otro Miércoles Santo como el de hoy. Los habrá mejores, puede, o peores, Dios no lo quiera, pero no como éste. Porque en San Francisco los Miércoles eternos de nuestras vidas son siempre diferentes cada año, y encima, colman los sentidos ofreciendo dos sensaciones tan dispares y que tan bien se complementan. Dos sentimientos, dos sabores: El Descendimiento y las Angustias. El Hijo y La Madre.
Para la noche que antecede a los días grandes de la Semana, no creo que se pueda pedir más. Que Dios bendiga a San Francisco, a la Quinta Angustia, y a todos sus hermanos y a los que como yo, queremos a esta Hermandad desde muy pequeñitos, aunque no figuremos en su nómina.
Es el sabor bendito del racheo y del cimbrear de dos escaleras que se poyan en nuestras almas. Como me dijo esta mañana Antonio Bermudo: "El mejor patrimonio de la Quinta Angustia es el que nos han ido dejando nuestros antepasados". Pero el patrimonio de sobrecogerse, de la piedad por ese Cristo que desciende de su Cruz, del silencio en el que hablan las miradas cuando pasa, también es patrimonio de los antepasados de todos nosotros. Un patrimonio que estamos obligados a legar a nuestros hijos. Y les contaremos en ese patrimonio que la tarde se hizo noche cálida, y sin viento, para que la penumbra de Tinajería y Tahona ensalzara mucho más la inmensa cofradía del Descendimiento.
El patrimonio de tantas saetas quedará en los libros de historia de nuestros oídos, el del orden de los negros nazarenos en el tratado de nuestros ojos, y el de la estampa de una noche como esta en el tomo primero de nuestros recuerdos. Y así va pasando, callado, a paso largo unas veces y racheo cortito otras, el Señor del Descendimiento, casi sin que nos demos cuenta. Dejando tanto en tan poco tiempo. Arrancándonos una señal de la cruz por respeto, una plegaria para nuestros adentros, y puede que alguna lágrima al recordar a los que ya no están, y dejando paso por sorpresa al otro sabor.
El sabor de los pequeños que escoltan a una Virgen con la palabra "Madre" en su título, porque es Señora y MADRE de las Angustias. Y como Madre ampara a todo el barrio hasta el punto de llevar bajo su manto y su peana, prendas de hermanas y hermanos que están ahora inmersos en una batalla contra la peste del siglo veintiuno. Y que están luchando por ganarla, y su forma de pedirle fuerzas a las Angustias, y su forma de estar en la Estación de Penitencia, ha sido dejando sus prendas (muchas de ellas pañuelos) bajo su amparo.
Y es el sabor de la alegría y el fervor desbordados en dos calles estrechas con nombres de talleres de oficios antiguos, donde se fabricaban las tinajas para guardar lo que nos daría de beber y donde se cocía el pan nuestro de cada día. Y no se corta quien le sale del alma y la voz un "¡Angustias, guapa!", y no cesan los aplausos y las petaladas, al tiempo que se aguanta el paso para que caigan las flores y se baila sobre los pies bajo un paso, con la banda sonora de una banda del "Arrabal". Y el sabor de la belleza de una Virgen Morena que cuesta aguantarle la mirada sin emocionarse. Sin mirar al lado y ver cómo (por poner un ejemplo tan simple como grande) un hombre hace de lazarillo a su mujer invidente.
Yo los he visto y he rezado por ellos. Porque si grande es el esfuerzo de ella intentando imaginar lo que pasa por su ojos sin poder verlo, más grande es el esfuerzo de su esposo intentando ser sus ojos. ¿Qué le contará, Angustias, que ella no pueda imaginarse cuando te oye pasar? Te he pedido que los bendigas a ambos, por favor, atiende mi ruego.
Y tengo aun el regusto del sabor del "cangrejeo" por Tinajería mientras vi todo aquello, que todavía me queda en el paladar. Saboreo aún la marea de gente queriendo a las Angustias, siendo o no del barrio, mirándola andando hacia atrás, llorando de emoción porque saben que se acaba, y por el patio de la Capilla de San Francisco ilumina la luna del Jueves más Santo de todos los Jueves. Y tañe otra vez la campana y ahora haciendo acopio de tantas emociones, me queda el dolor en el corazón porque no habrá otro Miércoles Santo como el de hoy. Los habrá mejores, puede, o peores, Dios no lo quiera, pero no como éste. Porque en San Francisco los Miércoles eternos de nuestras vidas son siempre diferentes cada año, y encima, colman los sentidos ofreciendo dos sensaciones tan dispares y que tan bien se complementan. Dos sentimientos, dos sabores: El Descendimiento y las Angustias. El Hijo y La Madre.
Para la noche que antecede a los días grandes de la Semana, no creo que se pueda pedir más. Que Dios bendiga a San Francisco, a la Quinta Angustia, y a todos sus hermanos y a los que como yo, queremos a esta Hermandad desde muy pequeñitos, aunque no figuremos en su nómina.
01 abril 2015
SEMANA SANTA (IV): MARTES SANTO
¿Quién ha dicho que no se puede controlar el tiempo? Quien lo dijera me causa compasión, porque no ha vivido en su pellejo el Martes de la Semana en la Judería. Porque el tiempo se para en la Judería. Todo se magnifica en la Judería. Y en la Judería, resulta que también se juega con el espacio, porque se vuelve Judería media ciudad, concretamente desde la Plazuela de San Blas, hasta la Prioral de Santa María, pasando por la muralla que guardó como un tesoro el corazón de milenios de historia grande y heroica. Hoy parecía que el Señor de la Expiración miraba al sol ordenándole que tuviera compasión de su cortejo (en que van muchos niños), en lugar de expirando.
¿Y sabe usted lo que ocurre cuando pasa San Blas? ¿Lo ve? Porque yo veo cosas que puede que pasen desapercibidas. Veo un río de capirotes rojos y túnicas blancas que se funden con la cal de las paredes, formando un "todo" de dimensiones inalcanzables. Veo las caras de la gente del barrio y de los que no son del barrio, con los ojos encharcados de emoción sólo por oír cómo se habla debajo del Señor de la Expiración y debajo de la Virgen de los Dolores. Veo que en su salida y su recogida, el bullicio de los nazarenos se torna una contención unánime de la respiración, hasta que los Primeros Vecinos del barrio salgan a la calle.
¡Y cómo salen, oiga! Cristo empuja a Dimas y Gestas, porque sabe que es un trámite de medio minuto que lleva a cabo el esfuerzo de cuarenta corazones. Y la Virgen ni se entera, parece que ni siquiera anda sobre treinta cuellos, sus varales se mueven tan poco, que se me antoja que más que salir, simplemente aparece en la Plazuela. Y una vez en la calle es lo que yo decía: Carmona se vuelve judería desde el Raso "p'arriba". Y como el propio señor de la Expiración dice en ese último halo de vida: "Todo está consumado". Y sigo viendo cosas. Sigo viendo medallas al cuello de quien no está en la procesión y luce con orgullo sus sentimientos.
Y veo lágrimas, y ganas de aplaudir desde que sube por Barbacana. Y los aplausos se desgranan como las hojitas de las tantas petaladas que le caen desde que la Judería vuelve a la Judería en el Martes eterno de nuestras vidas. Y se vuelve a magnificar todo. Tanto que los vecinos del barrio se multiplican por miles, porque el barrio se inunda de gente del barrio que no está en el catastro registrada en el barrio, pero se siente del barrio. Y el barrio los acoge y les abre sus puertas, como hacen los vecinos del barrio durante todo el año.
Igual por eso es verdad que se para el tiempo. Igual es verdad que por eso San Blas es la cuna del repeluco y la algarabía cuando llegan su Cristo y Su Virgen. Por eso hasta los Dolores se tornan Expiraciones de nuestras almas rendidas ante el poderío de la sencillez y la bondad del Hijo que es de Dios (y de Eslava) y de Su Madre. Y todas las flores de los balcones quieren ser de cera para ir cerca de la Virgen, y todas las gargantas quisieran saber cantar saetas para el Señor. Y se quedan muy cortas las palabras que uno pueda decir cuando oye otras palabras en la Judería.
¿Qué quieren que les diga, si gracias a mi abuela y mi madre, un poquito de San Blas me corre por las venas? ¿Qué le hago yo si me pongo a intentar contar un Martes Santo y sólo me salen emociones y no crónicas periodísticas (ni quiero que salgan)? No puedo hacer otra cosa que respirar hondo para expirar una plegaria cuando pasa Él, y dar un beso de los que causan Dolores en los labios cuando pasa Ella. Y aguantar el nudo en la garganta y las lágrimas en mis ojos cuando lo cuento por un micro, y cuando veo San Blas en alguna esquina oculto entre la gente y pienso en tantos que querrían tener mis ojos para estar viendo lo que yo. ¿Se puede causar más grandeza que esa?
Y ya en la plazuela, ver a la Expiración duele. Duele porque "Todo esta consumado". Otra vez. Se consuma el Martes Santo en los naranjos, que ya van floreciendo el azahar de la madrugada del Miércoles de Angustias. Por eso se recogen sin prisa, porque el barrio quiere tanto al Señor de la Expiración y a la Virgen de los Dolores, que tienen el capricho de retenerlos, de relentizarlo todo, de volver a pararlo todo porque hasta dentro de un año no vuelven a verlos pasear. Y en la Expiración saben que en la plazuela no mandan ellos, manda el barrio, y por eso obedecen y aguantan un poquito más el esfuerzo. Porque pide el barrio, siente el barrio, ordena el barrio y ante eso no queda otra que claudicar.
Pues ya está, para qué más palabras. Si es que esto es la Judería, eso es San Blas, y ese es el Martes Santo eterno en nuestros corazones por los siglos de los siglos. Qué pena me sigue dando aquel que dijo, que no se podía detener el tiempo, porque estoy seguro que nunca, nunca, nunca, vivió un Martes Santo en Carmona, mientras por cualquier calle, rincón o plaza, pasaba la Expiración, desbordaba San Blas, inundaba la Judería, los recovecos de la mente y el corazón, que hacen que se detenga el tiempo.
¿Y sabe usted lo que ocurre cuando pasa San Blas? ¿Lo ve? Porque yo veo cosas que puede que pasen desapercibidas. Veo un río de capirotes rojos y túnicas blancas que se funden con la cal de las paredes, formando un "todo" de dimensiones inalcanzables. Veo las caras de la gente del barrio y de los que no son del barrio, con los ojos encharcados de emoción sólo por oír cómo se habla debajo del Señor de la Expiración y debajo de la Virgen de los Dolores. Veo que en su salida y su recogida, el bullicio de los nazarenos se torna una contención unánime de la respiración, hasta que los Primeros Vecinos del barrio salgan a la calle.
¡Y cómo salen, oiga! Cristo empuja a Dimas y Gestas, porque sabe que es un trámite de medio minuto que lleva a cabo el esfuerzo de cuarenta corazones. Y la Virgen ni se entera, parece que ni siquiera anda sobre treinta cuellos, sus varales se mueven tan poco, que se me antoja que más que salir, simplemente aparece en la Plazuela. Y una vez en la calle es lo que yo decía: Carmona se vuelve judería desde el Raso "p'arriba". Y como el propio señor de la Expiración dice en ese último halo de vida: "Todo está consumado". Y sigo viendo cosas. Sigo viendo medallas al cuello de quien no está en la procesión y luce con orgullo sus sentimientos.
Y veo lágrimas, y ganas de aplaudir desde que sube por Barbacana. Y los aplausos se desgranan como las hojitas de las tantas petaladas que le caen desde que la Judería vuelve a la Judería en el Martes eterno de nuestras vidas. Y se vuelve a magnificar todo. Tanto que los vecinos del barrio se multiplican por miles, porque el barrio se inunda de gente del barrio que no está en el catastro registrada en el barrio, pero se siente del barrio. Y el barrio los acoge y les abre sus puertas, como hacen los vecinos del barrio durante todo el año.
Igual por eso es verdad que se para el tiempo. Igual es verdad que por eso San Blas es la cuna del repeluco y la algarabía cuando llegan su Cristo y Su Virgen. Por eso hasta los Dolores se tornan Expiraciones de nuestras almas rendidas ante el poderío de la sencillez y la bondad del Hijo que es de Dios (y de Eslava) y de Su Madre. Y todas las flores de los balcones quieren ser de cera para ir cerca de la Virgen, y todas las gargantas quisieran saber cantar saetas para el Señor. Y se quedan muy cortas las palabras que uno pueda decir cuando oye otras palabras en la Judería.
¿Qué quieren que les diga, si gracias a mi abuela y mi madre, un poquito de San Blas me corre por las venas? ¿Qué le hago yo si me pongo a intentar contar un Martes Santo y sólo me salen emociones y no crónicas periodísticas (ni quiero que salgan)? No puedo hacer otra cosa que respirar hondo para expirar una plegaria cuando pasa Él, y dar un beso de los que causan Dolores en los labios cuando pasa Ella. Y aguantar el nudo en la garganta y las lágrimas en mis ojos cuando lo cuento por un micro, y cuando veo San Blas en alguna esquina oculto entre la gente y pienso en tantos que querrían tener mis ojos para estar viendo lo que yo. ¿Se puede causar más grandeza que esa?
Y ya en la plazuela, ver a la Expiración duele. Duele porque "Todo esta consumado". Otra vez. Se consuma el Martes Santo en los naranjos, que ya van floreciendo el azahar de la madrugada del Miércoles de Angustias. Por eso se recogen sin prisa, porque el barrio quiere tanto al Señor de la Expiración y a la Virgen de los Dolores, que tienen el capricho de retenerlos, de relentizarlo todo, de volver a pararlo todo porque hasta dentro de un año no vuelven a verlos pasear. Y en la Expiración saben que en la plazuela no mandan ellos, manda el barrio, y por eso obedecen y aguantan un poquito más el esfuerzo. Porque pide el barrio, siente el barrio, ordena el barrio y ante eso no queda otra que claudicar.
Pues ya está, para qué más palabras. Si es que esto es la Judería, eso es San Blas, y ese es el Martes Santo eterno en nuestros corazones por los siglos de los siglos. Qué pena me sigue dando aquel que dijo, que no se podía detener el tiempo, porque estoy seguro que nunca, nunca, nunca, vivió un Martes Santo en Carmona, mientras por cualquier calle, rincón o plaza, pasaba la Expiración, desbordaba San Blas, inundaba la Judería, los recovecos de la mente y el corazón, que hacen que se detenga el tiempo.
31 marzo 2015
SEMANA SANTA (III): LUNES SANTO
Una vez me dijeron que Carmona está llena de cuestas. Y es cierto, está tan llena de cuestas como la vida misma, y tan llena como los andares de la Amargura en Lunes Santo. Cuestas arriba de la Fe donde el Mayor Dolor se alivia Hermanas de la Cruz arriba. Otra vez el astro rey ha confirmado su abono al palco del cielo durante la Semana Santa, y otra vez nos ha querido regalar Dios la estampa maravillosa de una candelería que crea un aura de luz anaranjada, que acaricia el bellísimo rostro de la Virgen de ojos inmensos que vive en San Felipe.
Y más cuestas, la que se baja humilde por La Fuente y sube esplendorosa y lenta por Joaquín Costa. ¿Es devoción?¿Es espectáculo? Es el espectáculo de la devoción por la Santa Silueta más reconocible de todos los Lunes, con la banda sonora del redoble macareno. Es la búsqueda del sitio imposible, del agarre a cualquier punto alto donde poder ver la cuesta de nuestros amores por San Felipe. Es la mirada cómplice con la risa que se intuye tras los agujeros del antifaz de una nazarena que te regala la más dulce Amargura en una estampa. Es un barrio que dicen que no tiene apenas barrio, pero que se extiende un Lunes al año hasta el Real.
Los ojos de la Virgen del Mayor Dolor destellaban el reflejo de su candelería derretida, el torso recién restaurado del Señor de la Amargura reflejaba el de los hachones encendidos de su paso gótico. No hay mejor refresco para el sudor de los hombres de Fernando Fernández y de Ángel Lara que buscar esos reflejos cuando salen de poner sus cuellos para que anden Jesús y María. Y el agua fresca sabe mejor cuando perfuma el aire el incienso de mi amigo Rafael, que déjense de historias, ese sí que sabe de inciensos. No hay mejor alivio para el Santísimo Cristo de San Felipe, que sus otros titulares vayan a visitarlo a San Bartolomé, donde se hospeda.
Y la última cuesta, la más larga, la que se sube lenta porque se intuye dentro de la Cofradía de San Felipe, que cuando se culmine se cierran las puertas del Lunes, y se saluda a la madrugada del Martes de Judería. Y en esa cuesta van lágrimas, y "óles" por las levantás, y van saetas, y van revirás interminables, y van dolores de pies y cinturas apretadas por un cinturón de esparto. Y van pensamientos por los que se fueron, y van la nostalgia por saber que se termina y el deseo a la vez de querer llegar para cumplir un año más con el rito. En esa cuesta van mis recuerdos de cuando le hablé a la Virgen del Mayor Dolor en su 250 aniversario, y van mis recuerdos de años entre los que se encontrarán siempre los sonidos de los crujidos de la madera de la parihuela del Señor de la Amargura, y los de los caireles de las bambalinas de la Virgen de los ojos inmensos.
Otra vez San Felipe colmó el Lunes del tiempo. Otra vez me han sacado lágrimas con un micro por delante, yo no sé como lo hacen, pero quiero vivir estos momentos, repetirlos, eternamente, hasta que las fuerzas y los sentidos me lo permitan. Comienza ahora el tiempo de espera en la Amargura, o la amargura del tiempo de la espera, pero tras noches como la de hoy, creedme hermanos de San Felipe que la espera pasa pronto, muy pronto, porque a mí me parece que fue ayer cuando le hablé a vuestra Virgen en su cumpleaños. Ahora queda disfrutar con los recuerdos, y vivir lo que queda de la Semana de nuestras vidas, donde un barrio de cal, se vuelve magia, y en nuestras retinas, seguirá siendo Lunes Santo.
Y más cuestas, la que se baja humilde por La Fuente y sube esplendorosa y lenta por Joaquín Costa. ¿Es devoción?¿Es espectáculo? Es el espectáculo de la devoción por la Santa Silueta más reconocible de todos los Lunes, con la banda sonora del redoble macareno. Es la búsqueda del sitio imposible, del agarre a cualquier punto alto donde poder ver la cuesta de nuestros amores por San Felipe. Es la mirada cómplice con la risa que se intuye tras los agujeros del antifaz de una nazarena que te regala la más dulce Amargura en una estampa. Es un barrio que dicen que no tiene apenas barrio, pero que se extiende un Lunes al año hasta el Real.
Los ojos de la Virgen del Mayor Dolor destellaban el reflejo de su candelería derretida, el torso recién restaurado del Señor de la Amargura reflejaba el de los hachones encendidos de su paso gótico. No hay mejor refresco para el sudor de los hombres de Fernando Fernández y de Ángel Lara que buscar esos reflejos cuando salen de poner sus cuellos para que anden Jesús y María. Y el agua fresca sabe mejor cuando perfuma el aire el incienso de mi amigo Rafael, que déjense de historias, ese sí que sabe de inciensos. No hay mejor alivio para el Santísimo Cristo de San Felipe, que sus otros titulares vayan a visitarlo a San Bartolomé, donde se hospeda.
Y la última cuesta, la más larga, la que se sube lenta porque se intuye dentro de la Cofradía de San Felipe, que cuando se culmine se cierran las puertas del Lunes, y se saluda a la madrugada del Martes de Judería. Y en esa cuesta van lágrimas, y "óles" por las levantás, y van saetas, y van revirás interminables, y van dolores de pies y cinturas apretadas por un cinturón de esparto. Y van pensamientos por los que se fueron, y van la nostalgia por saber que se termina y el deseo a la vez de querer llegar para cumplir un año más con el rito. En esa cuesta van mis recuerdos de cuando le hablé a la Virgen del Mayor Dolor en su 250 aniversario, y van mis recuerdos de años entre los que se encontrarán siempre los sonidos de los crujidos de la madera de la parihuela del Señor de la Amargura, y los de los caireles de las bambalinas de la Virgen de los ojos inmensos.
Otra vez San Felipe colmó el Lunes del tiempo. Otra vez me han sacado lágrimas con un micro por delante, yo no sé como lo hacen, pero quiero vivir estos momentos, repetirlos, eternamente, hasta que las fuerzas y los sentidos me lo permitan. Comienza ahora el tiempo de espera en la Amargura, o la amargura del tiempo de la espera, pero tras noches como la de hoy, creedme hermanos de San Felipe que la espera pasa pronto, muy pronto, porque a mí me parece que fue ayer cuando le hablé a vuestra Virgen en su cumpleaños. Ahora queda disfrutar con los recuerdos, y vivir lo que queda de la Semana de nuestras vidas, donde un barrio de cal, se vuelve magia, y en nuestras retinas, seguirá siendo Lunes Santo.
30 marzo 2015
SEMANA SANTA (II): DOMINGO DE RAMOS.
Dicen que al séptimo día Dios descansó de la creación. Por eso se entiende el Domingo como día de asueto, de descanso y de festividad. Pero el Domingo de Ramos en el Salvador no se descansa, todo lo contrario. Se trabaja bajo las trabajaderas del Señor de la Coronación de Espinas y de las de María Santísima de la Esperanza. Es el día en el que la contradicción de "Trabajar" en un día de descanso se torna en fiesta. En la primera chicotá del "Coronación" ya hay fiesta, y hay fervor y hay lucimiento en un paso que parece que de verdad hace andar a Cristo. Y hay fiesta en la dulce mecida del palio de la Esperanza más esperada.
Anoche volvió a repetirse la historia más bella de todos los domingos. Ni el calor pudo con la fé del terciopelo morado o verde. La brisa se sumó al alivio de los cuerpos para juguetear con las capas nazarenas y hacer que la cera se quemara mucho más deprisa. Los pétalos acariciaron las bambalinas del barrio. Juanlu y su equipo, Miguel Ánge y el suyo, pusieron el frescor de las voces de mando en los cuellos, y el resto solo tuvo que dejarse que fuera pasando según se sabe. El Ecce Homo y la Esperanza según El Salvador, según Carmona.
Y la emoción de tantos que esperaban cambiar el Domingo de descanso por el de Ramos, desbordaba en aplausos y en lágrimas, mirando al Señor y a la Virgen porque para lo único que había que mirar al cielo era para taparse el sol. Maravilla del Domingo de Ramos, en la maravilla de ciudad que asombró a Julio César. La Jerusalem convertida en casco antiguo con sangre carmonense. La nostalgia que empieza a llegar cuando se recoge "la primera" en la media noche que cierra la puerta del Salvador y abre la del Lunes Santo.
Sólo hubiera faltado ante tanta maravilla, que en los días previos, mucha gente hubiera hecho recordatorio de cómo se debe salir a ver cofradías, de educarse para no molestar a los demás que quieren ver la procesión tranquilos, y de saber dónde se está y lo que se está viendo. Pero la falta de educación es un problema que no corresponde solucionar a las Hermandades, eso está en cada casa, y se transmite de generación en generación. Qué le vamos a hacer. Yo me quedo con el recuerdo del Cristo de la Coronación de Espinas avanzando imponente, y de su Madre de Esperanza llegando dulce y suave en las retinas de este Domingo de Ramos, que no de descanso, de este Domingo de Fiesta, de este Domingo de la Semana de las Semanas, del Domingo del Tiempo.
Enhorabuena todos los hermanos de La Esperanza, y las gracias por llenar de Pasión otro año más el inicio de la Semana Santa carmonense. En sus corazones comienza de nuevo el otro tiempo, el de la espera, el de un año cargado de trabajo, hasta que llegue de nuevo el Domingo en el que no se descansa: nuestro eterno, Esperanzador y Coronado DOMINGO DE RAMOS.
Anoche volvió a repetirse la historia más bella de todos los domingos. Ni el calor pudo con la fé del terciopelo morado o verde. La brisa se sumó al alivio de los cuerpos para juguetear con las capas nazarenas y hacer que la cera se quemara mucho más deprisa. Los pétalos acariciaron las bambalinas del barrio. Juanlu y su equipo, Miguel Ánge y el suyo, pusieron el frescor de las voces de mando en los cuellos, y el resto solo tuvo que dejarse que fuera pasando según se sabe. El Ecce Homo y la Esperanza según El Salvador, según Carmona.
Y la emoción de tantos que esperaban cambiar el Domingo de descanso por el de Ramos, desbordaba en aplausos y en lágrimas, mirando al Señor y a la Virgen porque para lo único que había que mirar al cielo era para taparse el sol. Maravilla del Domingo de Ramos, en la maravilla de ciudad que asombró a Julio César. La Jerusalem convertida en casco antiguo con sangre carmonense. La nostalgia que empieza a llegar cuando se recoge "la primera" en la media noche que cierra la puerta del Salvador y abre la del Lunes Santo.
Sólo hubiera faltado ante tanta maravilla, que en los días previos, mucha gente hubiera hecho recordatorio de cómo se debe salir a ver cofradías, de educarse para no molestar a los demás que quieren ver la procesión tranquilos, y de saber dónde se está y lo que se está viendo. Pero la falta de educación es un problema que no corresponde solucionar a las Hermandades, eso está en cada casa, y se transmite de generación en generación. Qué le vamos a hacer. Yo me quedo con el recuerdo del Cristo de la Coronación de Espinas avanzando imponente, y de su Madre de Esperanza llegando dulce y suave en las retinas de este Domingo de Ramos, que no de descanso, de este Domingo de Fiesta, de este Domingo de la Semana de las Semanas, del Domingo del Tiempo.
Enhorabuena todos los hermanos de La Esperanza, y las gracias por llenar de Pasión otro año más el inicio de la Semana Santa carmonense. En sus corazones comienza de nuevo el otro tiempo, el de la espera, el de un año cargado de trabajo, hasta que llegue de nuevo el Domingo en el que no se descansa: nuestro eterno, Esperanzador y Coronado DOMINGO DE RAMOS.
28 marzo 2015
SEMANA SANTA 2015: HA LLEGADO EL TIEMPO.
Ha llegado el TIEMPO con mayúsculas. La Semana de la vida. Ha llegado el tiempo y llega a tiempo, y con buen tiempo. En unas horas ya será Domingo de Ramos... y hará calor, pero no sólo meteorológico. Habrá calor de ilusiones encendidas en sonrisas, y calor de nervios en los sudores de preparativos de última hora. Habrá calor humano de tapas y cafés, y calor en el asfalto de gotas de cera recién caídas. Habrá calor debajo de los pasos del esfuerzo de los cuellos que hacen andar a Dios, y de las voces que lo guían por Carmona.
Ha llegado el tiempo de espartos ceñidos y capas al vuelo, de buscar la mirada detrás del antifaz, de "En brazos de Dios" y "Soleá, dame la mano" en los oídos. De la torrija y la leche frita, del bacalao con tomate y las espinacas autóctonas de aquí. Del repeluco en los oídos y en el corazón, de la primera penitencia y chicotá de muchas vidas, y de las últimas, como ayer la de Francisco Ojeda "Taco". Espero que disfrutara al frente de su Virgen de los Dolores Servita, y que siga tan atento, considerado, caballero y señor con respecto al trabajo de Televisión Carmona cuando está retransmitiendo las cofradías en la Carrera Oficial. Es una pena que no pueda retransmitirse en directo el Viernes de Dolores y que él no pueda, o no quiera, hablar cuando está al frente del Santo Entierro, me quedé sin poder entrevistarle.
Estamos inmersos en el Tiempo en el que los días se cuentan con apellido "Santo", en los que menos, por extraño que parezca, se vive la Hermandad, que tiene su más intensa vida en los cuarenta días previos, y su vida más cotidiana el resto del año. El tiempo en el que la Coronación de nuestro querer, quitará la Amargura de Expirar nuestras Angustias. En el que la Columna de nuestros sentimientos de Humildad y Paciencia, nos mantendrá en Silencio ante la Soledad. En el que los pies y las cinturas sentirán el dolor de las horas que persiguen los sueños, en el que se olvida enseñar a las generaciones futuras el verdadero sentido y respeto de la Semana Santa.
Pregúntenle a un grupo de jóvenes a salto de mata, cómo hay que comportarse ante el paso de nuestras distintas Hermandades. Hay muchos (ojalá me equivoque) que no sabrán responder. Y si saben responder les dirán que ante una cofradía de Silencio hay que callarse, que jamás hay que cruzarse por medio de un cuerpo de nazarenos sea de la hermandad que sea, que hay que hacer la señal de la Cruz cuando Cristo o Su Madre pasan por delante, que el Domingo de Ramos o el Viernes Santo no son días para emborracharse y luego ir a ver cofradías... Si lo saben, lo responderán, y si les preguntan si lo hacen, muchos admitirán que lo hacen todo, otros lo negarán sabiendo que lo hacen, y un mínimo porcentaje lo negará siendo sincero.
El Tiempo que llega engloba, por desgracia muchos otros Tiempos y formas, muchas otras "Semanas Santas" que nada tienen que ver con la verdadera. Y otras que tienen mucho que ver. El tiempo que viene, en contradicción con la falta de respeto antes mencionada, es el de muchas almas que querrían estar viendo la Semana de las Semanas, o participando en nuestras procesiones, y no podrán. Ahí es donde yo tengo mi Tiempo haciéndoselo llegar con mi voz, y las imágenes de mis compañeros de la Televisión. Ha llegado el Tiempo. Mi "penitencia" particular, la de todo mi equipo de TV Carmona dura siete días, y un año más espero cumplirla con la satisfacción del trabajo en el que se pone todo el cariño del mundo.
Nazarenos, Capataces, Costaleros, Miembros de Junta de las Hermandades, Músicos del "Arrabal" y de "Virgen de Gracia", cofrades, amigos... Vivamos estos días con la ilusión de los que están, y el recuerdo de los que se fueron y siempre estarán, con el orgullo de manifestar la fe que nos llena la vida, la Semana de Nuestras vidas... porque ahora sí. Ya sí... se acabó la espera.... HA LLEGADO EL TIEMPO.
Ha llegado el tiempo de espartos ceñidos y capas al vuelo, de buscar la mirada detrás del antifaz, de "En brazos de Dios" y "Soleá, dame la mano" en los oídos. De la torrija y la leche frita, del bacalao con tomate y las espinacas autóctonas de aquí. Del repeluco en los oídos y en el corazón, de la primera penitencia y chicotá de muchas vidas, y de las últimas, como ayer la de Francisco Ojeda "Taco". Espero que disfrutara al frente de su Virgen de los Dolores Servita, y que siga tan atento, considerado, caballero y señor con respecto al trabajo de Televisión Carmona cuando está retransmitiendo las cofradías en la Carrera Oficial. Es una pena que no pueda retransmitirse en directo el Viernes de Dolores y que él no pueda, o no quiera, hablar cuando está al frente del Santo Entierro, me quedé sin poder entrevistarle.
Estamos inmersos en el Tiempo en el que los días se cuentan con apellido "Santo", en los que menos, por extraño que parezca, se vive la Hermandad, que tiene su más intensa vida en los cuarenta días previos, y su vida más cotidiana el resto del año. El tiempo en el que la Coronación de nuestro querer, quitará la Amargura de Expirar nuestras Angustias. En el que la Columna de nuestros sentimientos de Humildad y Paciencia, nos mantendrá en Silencio ante la Soledad. En el que los pies y las cinturas sentirán el dolor de las horas que persiguen los sueños, en el que se olvida enseñar a las generaciones futuras el verdadero sentido y respeto de la Semana Santa.
Pregúntenle a un grupo de jóvenes a salto de mata, cómo hay que comportarse ante el paso de nuestras distintas Hermandades. Hay muchos (ojalá me equivoque) que no sabrán responder. Y si saben responder les dirán que ante una cofradía de Silencio hay que callarse, que jamás hay que cruzarse por medio de un cuerpo de nazarenos sea de la hermandad que sea, que hay que hacer la señal de la Cruz cuando Cristo o Su Madre pasan por delante, que el Domingo de Ramos o el Viernes Santo no son días para emborracharse y luego ir a ver cofradías... Si lo saben, lo responderán, y si les preguntan si lo hacen, muchos admitirán que lo hacen todo, otros lo negarán sabiendo que lo hacen, y un mínimo porcentaje lo negará siendo sincero.
El Tiempo que llega engloba, por desgracia muchos otros Tiempos y formas, muchas otras "Semanas Santas" que nada tienen que ver con la verdadera. Y otras que tienen mucho que ver. El tiempo que viene, en contradicción con la falta de respeto antes mencionada, es el de muchas almas que querrían estar viendo la Semana de las Semanas, o participando en nuestras procesiones, y no podrán. Ahí es donde yo tengo mi Tiempo haciéndoselo llegar con mi voz, y las imágenes de mis compañeros de la Televisión. Ha llegado el Tiempo. Mi "penitencia" particular, la de todo mi equipo de TV Carmona dura siete días, y un año más espero cumplirla con la satisfacción del trabajo en el que se pone todo el cariño del mundo.
Nazarenos, Capataces, Costaleros, Miembros de Junta de las Hermandades, Músicos del "Arrabal" y de "Virgen de Gracia", cofrades, amigos... Vivamos estos días con la ilusión de los que están, y el recuerdo de los que se fueron y siempre estarán, con el orgullo de manifestar la fe que nos llena la vida, la Semana de Nuestras vidas... porque ahora sí. Ya sí... se acabó la espera.... HA LLEGADO EL TIEMPO.
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