15 marzo 2015

CUARESMA 2015 (XI). CRISTOS DE CARMONA (V): "No veo en este Hombre delito alguno"

De las entrañas de un barrio elegido por Reyes medievales para vivir, sale a la luz de la ciudad el Dios de las dos imágenes. Te clava en el alma dos instantáneas, dos conceptos de La Pasión del Cristo, dos sensaciones principales que luego se desgranan en tantas como cariños viven en cada casa de Santiago. Ofrece sus dos imágenes en toda su anatomía. Sus ojos expresan primero la misericordia de la que sólo el Hijo de Dios puede ser digno, y luego el dolor por las heridas. Sus labios entreabiertos parecen regalar la Paciencia a quien le pide sus bonanzas, y a la vez sueltan los gritos que una tortura extrema le provoca.

Sus manos aferrándose a la Columna parecen ofrecerse a quien las necesita, y se acarician el mármol frío donde salpica Su sangre divina. Viene acercándose a nosotros como un Salvador lleno de gloria (y "lleno de Gracia" con los sones que le acompañan), como un halo de luz eterna de cada despedida de la luna de Nissan. Y mientras se nos viene de frente, nadie repara en el castigo que recibe por cada una de nuestras faltas. Nadie ve el látigo moverse insinuante ante el impacto que va a producir más de trescientas veces. Viene, y viene como Dios, como lo que nunca debemos olvidar que es, como el Poder que triunfará sobre la muerte y reina eternamente sobre las tinieblas.

Y lo vemos pasar..., lo vemos marcharse..., alejarse... andar. Y entonces aparece el Hombre lacerado. Entonces aparece el centurión que detiene al soldado en su castigo porque Pilato "sólo" lo mandó azotar para dar con él un escarmiento. Porque las escrituras debían cumplirse y debía morir en la Cruz y no en la flagelación, aunque en base al castigo raro era que aquel Nazareno no hubiera perecido en el exceso de sed de sangre romana. Entonces aparece el sanedrita presente en los latigazos para constatarse de que el Reo no se libraba del dolor. Entonces lo vemos irse como Hombre masacrado, humillado, rendido al vertido de sangre, para que no olvidemos que aunque era Dios, sintió en sus carnes como humano todo el Sacrificio impuesto por Su Padre.

Noche de más Pasión que ninguna. Cuando ocurrió todo lo que veneramos cada año, cuando el gallo cantó por tres veces. Y todo parece verse bajo la compasión de la Noche por antonomasia de la Semana. Y vemos como Judas lo entrega a la Plazuela de Santiago, cómo el Sanedrín lo juzga en Calatrava, cómo dice "Ego Sum" ante los Ángeles que viven en Santa Clara, cómo Pilato lo recibe en la lonja de Santa María y pronuncia "no veo en este Hombre delito alguno...", cómo lo manda a Herodes por la Plaza de San Fernando y éste lo devuelve al procurador en Blas Infante. Y allí justo en San Bartolomé, Pilato lo manda azotar y así empieza su castigo más cruel en la Pasión, hasta que vuelve donde los Kíkilis lo esperan para limpiarle la sangre.

Impresiona su espalda destrozada por los latigazos. Impresiona el marco de las miradas de los corazones de la humildad del barrio de Santiago. Impresiona y estremece el repeluco que producen las palabras de su guía, que parecen dictadas por Él mismo. Impresiona cómo por el Barrio de mis sueños, donde reina el aire porque es el traje de las rapaces más autóctonas de la tierra, nada estorba a Su paso. Un paso que siempre parece compasivo y poderoso a la vez. Un paso que viene con la Paciencia por medicina para su dolor. Un Hombre Dios, un Rey Hombre, la dualidad en una sola Imagen, en un solo barrio, en una sola noche en la que hasta la luna decide cambiar. 

Y su sangre se vuelve la nuestra como predijo en la ÚItima Cena. Y nos vestimos de trajes y mantillas porque para los creyentes es día solemne, y para los de Santiago es el Jueves de la Semana. El día en el que hasta la cal de las paredes del barrio quiere vestirse de gala blanca porque pasa Él, porque pasan los "Kíkilis" de la tierra procesionando y rezando, y los del cielo revoloteando y anunciando con su trino que de la Iglesia con alma de mezquita sale el primero y más grande de cuantos viven en Santiago. El Hombre de la mirada más bella y tierna de cuantos pasean por la cuidad. El Hombre al que con cada pecado le damos un golpe de látigo. El Hombre en el que Pilato "no vió delito alguno" al igual que no lo vemos nosotros. El Hombre que en su espalda nos clava en nuestras almas su sufrimiento, pero que nos deja la primera imagen que nos ofrece permanente en la retina el resto del año. Porque ese Hombre es Dios, y cada Jueves de nuestras vidas, Dios se nos acerca de frente, desde que sale a la Plazuela de Santiago, para reinar en la noche de la Pasión carmonense.






14 marzo 2015

CUARESMA 2015 (X). CRISTOS DE CARMONA (IV): "Cruz de San Francisco"

Los extramuros también tienen su Dios, que no sólo es Semana Santa de casco antiguo para adentro. ¿O a caso alguien tiene por seguro que el Hijo del Hombre quería vivir siempre entre murallas? La muerte ya no ronda, ahora reina en el Cuerpo inerte que se sostiene en el sudario y la orfandad de la Cruz. Se sostiene porque, aunque lo están descendiendo de ella, parece que levita sobre las almas de un barrio con nombre franciscano. Parece que vuela aportando el moreno de su piel ya inerte sobre la belleza de las Angustias que consuelan al mundo, que consuelan a los hijos para los que escuchar el tañer fúnebre de la campana de la Capilla les ayuda a respirar.

Vive todo el año en su Capilla, que para Él es suficiente la humildad de un espacio reducido para entregar el amparo que mandan dos ojos cerrados por la falta de vida. Nos recuerda que todo martirio tiene su fin, que llegará el día que bajaremos de las cruces de la vida, y nos envolverán en un sudario sobre el que descansar para seguir viviendo, andando en silencio con zancada larga y crujido de parihuela. Está suspendido en el aire y no se mueve más que las escaleras que le bajan a Su Madre. Hijo de Eslava que quiso que su otro Hijo, que vive en la Judería, tuviera un Hermano al que se le pasaran los dolores, fuera de los brazos de piedra que abrazan la ciudad más arcaica.

Llagas que están parando de sangrar como paró su Sagrado Corazón. Ahora ya no está Cautivo, más que de los lienzos que acarician sus brazos caídos, su costado abierto, su espalda masacrada... Ahora sólo quiere ir rápido a ver al Altísimo a la Prioral y volver a callejear por un barrio que por corto que se le quede, más largo le entrega su cariño. Más largo hace el rezo y el sobrecogimiento cuando pasa, más larga hace la supervivencia de la humildad, y más largo el cariño a su Dios descendido. La mitad de la Semana tenía que ser la mitad de la historia, el punto de inflexión donde se descansa el cuerpo para que reviva el Alma de su arrabal de extramuros, el Alma de la ciudad entera que aguanta el aliento porque baje de la forma más dulce posible.

Tiene dos padres, uno es el dueño del Paraíso y el otro habita en él a buen seguro, aunque sus restos descansen bajo a Su hijo descendido. Y hace que al pasar por delante nuestra, con su mecida eterna de paso racheado, todos queramos ser "Nicodemos" y "Josés" de Arimatea para que sean nuestros manos las que quiten sus clavos, las que lo envuelvan en el sudario, las que lo desciendan y lo entreguen a Su Madre con la Piedad que Ella inspira. En las ondas de su cabello mojado por la sangre y la lluvia del momento en que sus ojos se cerraron, van todas las cruces de nuestras vidas. Ya no está en la Cruz, ya no es Su Cruz, ahora es la Cruz de San Francisco... ahora es nuestra Cruz.

Cuando el dolor se calma, todo se torna sobriedad. Cuando Él sale a pasito corto por el atrio del Miércoles bajo son de una campana y de una "Quinta Angustia" que suena como "El Arrabal" de extramuros, todo se envuelve en luto. Todos parecemos de Su cuerpo de Nazarenos, todos llevamos el "Lignum Crucis" clavado en nuestras entrañas, y cerramos los ojos como Él cuando ha pasado, porque al pasar nadie quiere ni pestañear. Es la muerte que inspira grandeza, es un descendimiento que nos sube la fe en la espera al tercer día después, es el Hombre-Dios que te hace temblar por todo lo que lo envuelve. Y te hace ensanchar la compasión por sus manos agujereadas por los clavos de nuestras culpas diarias.

La mitad más dolorosa ha pasado, y sin embargo nos queda la mitad más dramática y a la vez más festiva de nuestra Semana cuando en la medianoche ya pasada, el Jueves le hace tañer la campana de recogida al Miércoles meridiano. Y cambia la luna porque el Descendimiento en San Francisco se hace eterno, nunca se Le termina de bajar de la Cruz, pero sabemos que Lo bajaron. Así lo sabe San Francisco, el arrabal de extramuros más verdadero de la ciudad amurallada, así lo quiso Eslava, y así lo queremos todos. Durmiendo en su Capilla con cabecera de Convento en ruinas y manta de colegio con nombre de Príncipe de los Ingenios. Y aun así, ha dejado la cruz, la cruz que nos deja como testimonio de su grandeza morena, de las Angustias de su madre. La Cruz que tomaremos como referencia a nuestros propios pesares, la Cruz del Arrabal de Extramuros, la Cruz del Señor que levita en nuestros corazones del Miércoles Santo... LA CRUZ DE SAN FRANCISCO.





13 marzo 2015

CUARESMA 2015 (IX): CRISTOS DE CARMONA (III): "Todo está consumado..."

Con Él se detiene el tiempo, se detiene todo. Él es el único que parece que se mueve, para quedar inmóvil en un suspiro. Es normal. Que para eso es el dueño del tiempo en el que toda una ciudad se vuelve Barrio de los barrios. Que para eso en su casa, y bajo sus andas habla el repeluco por las bocas. Él manda que todo en Martes Santo se sienta de forma magnificada hasta el punto en el que uno no sabe controlar sus propios sentimientos cuando lo tiene delante. Un Dios todopoderoso con apellido carmonense, porque es Hijo de Dios y es hijo de Eslava. El único hijo de esta tierra milenaria que no mira hacia sus propios hijos... ni falta que le hace.

Porque mira el aire con olor al trigo que la humildad transforma en nuestro pan de cada día. Porque mira allí donde va a subir en el instante que a todos nos sobrecoge de dejar su sufrimiento porque "todo está consumado". Y es lo que pasa en la Judería. En ese momento en que se detiene el tiempo, todo se consuma. Se consuma la espera del año, a veces de más años cuando Él se pone caprichoso y se quiere quedar en casa para tragedia de todo San Blas. Se consuma el fervor del arraigo a una forma de vida que solo pasa lindes adentro de esas callejuelas del barrio. Se consuma el saber cuándo sale de Su casa, pero nunca a qué hora va a entrar.

Cada Martes Santo, salga o no, cada hijo natural o adoptivo de esta ciudad sabe que "Todo está consumado" y que hay que beberse el día a sorbitos muy pequeños, porque se marcha con la rapidez de una Expiración. Es imposible no estar esa noche viéndolo pasar... y no sentir... aunque sea envidia por no ser un ladrón más y poder decirle bajito "acuérdate de mí cuando estés en Tu Reino, Señor". El Cristo del Barrio ante el que no salen las palabras porque se agolpan formando un nudo en la garganta, y eso que no podemos mirarlo a los ojos porque Él mira hacia arriba. Pero cuando la amplitud de su canastilla se come los adoquines de la calle y viene hacia ti, ya no existe nada más. Sólo se le mira a Él, el momento es de Él, el corazón acelerado es de Él... el tiempo es de Él... todo es de Su propiedad cuando se te acerca, mirando al cielo de sus Dolores que ya se le acaban.

Por eso se para el tiempo en la Judería, aunque sea también tiempo de "Dolores". Porque los dolores de su barrio se tornan alegrías por una tarde... por una madrugada eterna de chicotás, saetas y rezos en la plazuela. Por tantas cosas que se le dicen de boca para adentro: por un "quédate un ratito más que ya estás en el barrio y aquí ya no existe el tiempo. Por un "qué ganas tenía de volverte a ver". Por tantos "óles" que se dicen bajito cuando el "barco" dorado en el que navega Cristo por las calles de San Blas, habla por los interiores de su quilla y se oyen cosas que transforman el vello en agujas de cristal. Por todo eso al mirarlo mirar hacia arriba, hay un segundo en el que parece imposible creer que "Todo está consumado", pero se consuma de nuevo el amor más incondicional, la fe más sencilla, el cariño más orgulloso del barrio de los barrios.

Cuando se va perdiendo, a regañadientes de quien lo mira, por el dintel de San Blas, parece que el Cristo del Barrio no expira, si no que suspira pensando: "otra vez la espera". Ya lo dijo Paco Eslava, cuando se recoge no importa su ausencia porque sabe que esta en el Paraíso, y que no está solo. Porque no sólo lo acompañan dos ladrones, lo acompañan los corazones de tanta y tanta gente que siendo o no del barrio lo llevan en un rincón de su cartera, o lo tienen presidiendo una habitación de sus casas, o colgando del cuello en una medalla, o simplemente teniéndolo presente cuando necesitan hablar con Dios. Nunca dio más alegrías una mirada que no te mira, un Cristo con apellido carmonense, un paso que no se te acerca, te arrolla los sentidos, y una Expiración para comenzar el orden de las cosas, en lugar de para terminarlas.

El vecino más Ilustre del barrio. El Rey de la Judería. El que suspira en una Sagrada Expiración. El que sirve de adelanto a la transmutación de los Dolores en alegría de flores de cera, de bambalina rojo sangre, de petaladas interminables desde que una Barbacana pasa de muralla carmonense a ser muralla de Jerusalen con piedras de barrio judío y entrañas de cal. El Cristo que se estira en la Cruz del corazón de un Martes Santo para regalarnos su último aliento. Pero un último aliento que nos envuelve todo un año en una nueva espera.. porque cuando Él expira, y da el último roce la bambalina de nuestros Dolores, aunque falte media semana nadie duda que en el barrio de los barrios, cuando falta Él.. TODO SE HA CONSUMADO.





12 marzo 2015

CUARESMA 2015 (VIII): CRISTOS DE CARMONA (II): "Y cielo se cubrió de tinieblas".

" Y desde la hora sexta a la hora nona, el cielo se cubrió de tinieblas" (Mt,27,45). Por eso el Señor del Lunes Santo lleva ese color en los hachones. Un Señor que nos inyecta el simbolismo de la muerte en el madero como fin a nuestras culpas, a la vez que nos enseña la metáfora de la vida. Porque en la vida cada día nos encontramos una cuesta que subir y Él sube tres. A paso lento, con mimo en la mecida porque a la muerte divina hay que saber llevarla así, sin prisa, con la dulzura de un rostro que descansa del martirio, y con el regusto de la Amargura en el paladar de nuestras almas.

Lunes que se hacen cuestas arriba de San Felipe, de Hermanas de la Cruz y Joaquín Costa. Lunes de comienzo de una Semana que ha empezado un día antes, y que sea con sol o con el cielo cubierto de tinieblas, espera el poderío de la delgadez más engrandecida al intentar venir al mundo a través de un arco de ojiva que se le queda estrecho. Tan estrecho como nuestro corazón al verlo salir cuando barruntamos que puede rozar el travesaño de Su Cruz. Pero sale. Sale año tras año. Lunes tras Lunes. Sale a enseñarnos el triunfo de la vida sobre la muerte, por un barrio que antaño quiso Dios que llegara hasta el Real.

Nadie se explica cómo en una figura tan pertrechada por el castigo que mandó hacer Su Padre, este Señor impregna tanto poder y ternura a los ojos que lo miran, caminando a paso corto sobre redobles macarenos. Cómo la faz de la muerte creada por manos góticas puede sentirse tan cotidiana, tan liviana, y otorgar tanta paz. Cómo puede acallar el bullicio de una convergencia de calles en una cuesta, congregado alrededor de una fuente custodiada por leones,  y tornarlo en palmas a cada marcha engarzada para terminar de subir. Ganando centímetros al asfalto para que la gente vea, que con Su ejemplo ninguna "cuestarriba" es infinita aunque lo parezca.

No hay Mayor Dolor que el del que no puede verlo donde quisiera, y que el de aquel que lo ve pasar. No hay Mayor Dolor que el de la despedida hasta el Lunes de los Lunes del siguiente año, viéndolo desaparecer de nuevo a través de esa estrecha puerta. No hay más Amargura que la que Él desprende. No hay Lunes más santo que el Lunes que Él pasea. Apenas se le distingue la sangre que ya dejo de brotar de sus llagas.  Casi no se aprecian ya las heridas secadas con el fervor de siglos. Casi no se le ve subir cuando el llamador da el tercer impacto. Casi penetran en el alma los crujidos de las maderas de su paso cuando la trabajadera se hinca en la cerviz de los pies que lo llevan.

Y así sigue este Señor de los Lunes de nuestras vidas, impertérrito en el tiempo y en los sentidos de un Lucero de ocho puntas. Recordándonos que la Amargura del Mayor Dolor puede tornarse triunfo si seguimos, poco a poco, subiendo las cuestas de nuestra existencia. Y así seguirá, por siglos, mientras que cada Lunes Santo, "cuestarriba" de San Felipe, vuelva a abrirse ese pequeño hueco de ojiva por el que saldrá la grandeza del Dios más antiguo de Andalucía. A la hora sexta, cuando en aquella Jerusalem de hace dos mil años, la tierra tembló, las piedras se partieron, los velos del Templo se rasgaron... y el cielo entero... se cubrió de tinieblas.



11 marzo 2015

CUARESMA 2015 (VII): CRISTOS DE CARMONA (I): "Ahí tenéis al Hombre"

"Ecce Homo... ahí tenéis al hombre..." El Hombre que habita en las entrañas de una plaza que lleva Sus señas de identidad. El Hombre Salvador. El Hombre coronado Rey por los pecados del mundo que se le clavan en cada espina que se hunde en su piel. El Hombre que pasea entre la dualidad de la humillación romana y el poderío de los izquierdos de su cuadrilla. El Hombre que se divide entre la mofa cruel de los soldados romanos por lo que creían locura, y la piedad que desprende su mirada de sufrimiento.

El Hombre que hizo dudar de todo... a todo un Procurador Romano. Claudia Prócula, su esposa, lo sabía: "Noli condemnarunt hoc homo, sanctus est" (no condenes a ese hombre, es Santo). Pilato aportó la parte teatral al juicio lavando sus dudas. El Hombre que camina poderoso Hermanas de la Cruz arriba guardó silencio ante lo que había aceptado por voluntad de Su Padre. "Como cordero que es llevado al matadero, maltratado se doblegó... y no abrió la boca"... y cada Domingo de Ramos quiso que fuera así hasta el fin de los días.

El Hombre que se aferra a su cetro dorado del perdón porque aunque sintió el miedo, y sintió el dolor, nunca perdió la Esperanza. El Hombre que abrirá este Domingo de Ramos el camino a los "Desamparados". Y lo coronará el cielo de una mujer con cinco mil años, y lo coronarán las estrellas de la noche ansiada. Y los vencejos con sus trinos, y los cantos de ángeles terrenales de convento... Y el bullicio de la plaza de otro Rey Santo, y lo coronarán los aplausos de la gente que se agolpará otra vez en "Cristo Rey" con cada costero, con cada izquierdo.

El Hombre que mira al suelo, a las piedras que pisa como quien mira la que será la morada de la que formará parte tres días. Porque al tercero resucitará, aunque aquí los tres días, se hagan un año, se hagan una Cuaresma, se hagan una Semana, se hagan una vida... porque la vida cabe en una Semana. El Hombre que atado ofrece la libertad, el que condenado ofrece el perdón. El que fue ofrecido al pueblo y dos mil años después sigue siendo ofrecido, pero esta vez con veredicto contrario. Porque nadie que lo vea coronado de espinas, ansía otra cosa que salvar al Salvador. Porque quien lo ve sabe que detrás viene la Esperanza de verlo resucitado y de que la profecía vuelva a cumplirse.

El Hombre que es Dios. El Dios que es Hombre. El Hombre que vivió para morir, pero murió para vivir eternamente en nuestros corazones cada Domingo de Ramos de nuestra eternidad. La Corona de Espinas esa tarde, esa noche, esa entrada en la madrugada, cada vez tiene menos espinas para Él, y más para nosotros. Porque preferimos que se nos clave la piedad en el corazón al verlo pasar, y cambiarle las espinas por suspiros, por lágrimas, por aplausos, por escalofríos de emoción. La Coronación del Hombre es la coronación de nuestras almas cada trescientos sesenta y cinco días, cuando ese reo nos vuelve a recordar que demostró con su sangre brotando de las llagas de sus espinas la condición humana que vino a salvar.

La condición que día tras día nos hace gritar sin darnos cuenta: "Crucifícalo", "Libertad para Barrabás". Y cuando llega el Domingo de Ramos volvemos a darnos cuenta de nuestro error diario. No se puede decir más con una mirada, una Corona de Espinas en la cabeza, y un Cetro de caña dorada en las manos: "Yo soy el camino, la verdad... y la vida". Entonces es cuando nos santiguamos, rezamos, miramos, lloramos y suspiramos al verlo pasar. Porque entendemos que en aquel momento el Hombre era más Dios que nunca. Y Claudia Prócula lo soñó y lo sabía, y Pilato lo intuyó... y así nos lo hará saber este Domingo de Ramos, y será cuando le encontremos mucho más sentido al mirarle a los ojos, al intento de que se apiadaran de él:... "ECCE HOMO... ahí teneis... AL HOMBRE".


08 marzo 2015

CUARESMA 2015 (VI): "LA MUJER"

Ha caído la tarde. Se ha terminado de vestir, sólo le queda ponerse el antifaz. Se lo enfunda y comienza su camino hacia la iglesia, a falta de una hora para que salga la cofradía. Cumpliendo con las normas que vienen en la papeleta de sitio, camina "sola, sin entablar conversación con nadie, y por el camino más corto". Sí, es una mujer. La mujer que por fin tantas Hermandades van dejando que participen en los cortejos procesionales. Que con su fe y su corazón acompañen al Cristo al que le tienen devoción o a la Virgen a la que dirigen sus oraciones diarias, de la que tomaron quizá Su nombre, Su emoción y Sus lágrimas, aunque ya todo el mundo sepa, que llorar no es sólo cualidad de las mujeres.

Igual que esa nazarena, otra mujer llega a un Cabildo de Oficiales. Es Hermana Mayor de la Hermandad. Al mando de una junta donde todavía hay una mayoría masculina, pero no importa. Ella sabe que es un camino que era largo de recorrer pero que ya va por la mitad. Le consultan decisiones, toma voz y tiene voto. Ella y otras mujeres Hermanas Mayores de las cofradías de nuestra Semana Santa, y priostes, y acólitas, y hermanas de número que ayudan en la limpieza de enseres o montaje de pasos.

Del mismo modo que la nazarena y la Hermana Mayor, una mujer se enfunda el traje y el fajín, y coge la corneta que adornará los sones de un paso de Misterio. Junto con otras compañeras es minoría en su banda de Cornetas y Tambores, pero toca igual de bien, con el mismo amor que un hombre, pero regando las notas con la belleza de la feminidad. Porque ser igual en cualquier ámbito de nuestra Semana Santa no significa perder la sensualidad femenina. Y camina al son de sus compañeros y compañeras detrás del paso. Nadie repara en que haya diferencias... o casi nadie.

De la misma forma que la nazarena, la Hermana Mayor y la música, un grupo de mujeres se hacen el costal el día del Corpus para llevar a Santa Clara. Tienen como fuerza el conocimiento por lo que llevan, el respeto y el protocolo ante la Custodia ante la que todas se arrodillan al pasar. El amor y el cariño que guía sus pasos, junto con la voz de la capataz. El paso sale, pasea, espera en su altar de calle, vuelve a andar y llega a la Iglesia de nuevo. Nadie ha notado la diferencia... o casi nadie.

Como la nazarena, la Hermana Mayor, la música y las costaleras, otra mujer se ajusta la peineta y se viste de Mantilla para salir a la calle el Jueves Santo. Y van tan en su sitio, tan elegante, tan poderosa como las anteriores. La mujer ya va teniendo el sitio que merece en nuestra Semana Santa, el que se han ganado demostrando que pueden ser tan buenas en cualquier cosa que ejerzan como cualquier hombre. Pero aún no han recorrido todo el camino. Aún quedan lagunas en ese caminar hacia la igualdad. Porque muchas hermandades no reconocen que Dios dijo que todos eramos hijos suyos, hombres y mujeres.

Porque ya está bien de que el pensamiento de muchos sea que la Semana Santa "es cosa de hombres". Ellas han demostrado que pueden ser tan buenas cofrades como nosotros, incluso mejores a veces. Ellas tienen todavía mucho que conseguir, poco que aprender y mucho que enseñar a los hombres. Porque así lo quiso Dios, que hasta para enviarnos al Divino Salvador, quiso que su hijo viniera al mundo a través de una MUJER. 


06 marzo 2015

CUARESMA 2015 (V): "EL TIEMPO DE LA GLORIA".

La ciudad en la que atardece
con el sol más imponente,
las jornadas adormecen
con un aire penitente.
Una Roma en miniatura,
Jerusalén costalera,
que viste de primavera
las "puntás" de sus costuras.

Al despertarse en la aurora
entre sábanas de bruma,
cuando ve llegar la hora,
coge el aire y lo perfuma
del azahar que le aflora,
del incienso que se suma
creando nubes que ahúman
las noches que más añora.

Y se acaba engalanando
con chicotás que estremecen,
con un palio que se mece
y un misterio caminando.
Con ojos que van regando
tantos labios cuando recen,
con repelucos que crecen,
con silencios aflorando.

La ciudad donde el Lucero
reina en la aurora imponente,
pone alfombra al costalero
y sendero al penitente.
Pone música en la calle,
al guardabrisa cimbreo
y a la Virgen en el talle
una saya de paseo.

Torrijas, rosa y clavel,
siluetas a contraluz,
paso corto en el dintel,
corona, columna y cruz.
Faldones, respiraderos,
el sentimiento, el fervor...
A la ciudad del Lucero
llega el tiempo del amor.

Que a la ciudad que amamanta
cinco milenios de historia,
llega el tiempo de la Gloria:
Llega la Semana Santa.


03 marzo 2015

CUARESMA 2015 (IV): "LA INTIMIDAD DE LA PLATA"

Cuando la ciudad de los atardeceres irrepetibles se pone su manto de noche apacible, cuando la ciudad del legado de la antigua Roma se pone incluso su manto de noche fría, hasta el de lluvia fina que hace temer por los días que vendrán, las calles se acurrucan entre las sábanas del poco tránsito de motores, y del eco que produce en su soledad la escasez de los pasos que las recorren.

En algunos rincones de la ciudad de los amaneceres distintos, cuando el atardecer se pone su manto de noche y se bautiza de calma y silencio, se produce la magia del encuentro. Es el acercamiento de la fe más recóndita de nuestra Semana Santa, de la menos reconocida y valorada y a la vez, de la más gratificante para quien la vive. En la intimidad de un cuartito de una casa hermandad, quizá un "soberao" andaluz de los anexos a una iglesia, puede que ya con las losas de barro gastadas por el tiempo, al final de una estrecha escalera, se respira un aroma especial.

Es el olor de los tesoros que los priostes guardan como tal desde una antigüedad sabida por generaciones hereditarias de la intimidad. Intimidad con olor al incienso impregnado en las paredes de cal y barandas de madera, en un llamador que el pasar de los años quiso que quedara como simple elemento decorativo, en los paños que cubren la excelencia que luego resaltará los andares de una Dolorosa, o del mismo Hijo de Dios. La intimidad con olor a tertulia, a caladas de humo expulsado por la pausa para fumarse la esperanza de que todo salga bien. La intimidad de la broma entre los que se conocen de años, mientras el limpia-plata ducha los recovecos más incómodos del repujado que adorna un varal o una jarra. 

La intimidad del calor de un secador que derrite la cera, o el paño que saca el brillo a las varas de acompañamiento. La intimidad del esfuerzo para mover estructuras que luego serán altares de quinarios, la del cuidado con que se sacan de un viejo arcón los paños que servirán para ese mismo fin, la de la puerta cerrada a cal y canto porque hay que vestir a la Madre de Dios y para eso sólo hay unas cuantas manos privilegiadas. La intimidad del escobón y el recogedor que dan manifiesto de que todo quede despejado y limpio para la siguiente noche.

Noche que llegará tras otro atardecer irrepetible, cuando la ciudad vuelva a ponerse su manto. Da igual si es el apacible, el frío o el de la fina e indeseada lluvia de estos días. Entre tanto ajetreo de preguntas por el sitio donde se guardó una herramienta que hace falta, o de risas por alguna broma, o de indicaciones para que las cosas se hagan de una forma u otra, una parada de segundos en la intimidad de la capilla, y una mirada hacia Él o hacia Ella. Unos pocos segundos. Puede que algún suspiro. Y en esos instantes tan breves, tantos pensamientos, tantas peticiones, o puede que sólo la contemplación basada en la fe y el cariño.

La fe que baña la intimidad de la plata. Esa plata que luego veremos brillar y que lleva el adorno de las pasadas del paño con "Sidol" o el calor previo del secador, en los que nadie repara al verlas pasar por la calle. Pero es plata que brilla el doble porque lleva impregnada en sus grecas y repujes, las vivencias de los días previos, en los que los corazones vuelven a encontrarse en la parte más intima de las hermandades. En alguna casa hermandad... antigua... con el olor a incienso de años impregnado en sus paredes, las paredes que encierran la intimidad más dulce de estos días, la intimidad de la plata que volverá a brillar en un corto plazo de tiempo, cuando la ciudad de los atardeceres irrepetibles, se ponga el traje de noche... se ponga el traje de Silencio...


01 marzo 2015

CUARESMA 2015 (III): "LOS HIJOS PRÓDIGOS".

Hace ahora dos años, mi Hermandad de la Columna me encargaba un acto que se ha instaurado recientemente en los días de la Cuaresma, previos a la llegada de la Semana Santa. Se trata de una "Meditación a Ntro. Padre Jesús atado a la Columna", que por cierto este año va a realizar una persona a la que tengo mucho cariño desde hace cuasi treinta años, mi amiga María José Rodríguez. 

El caso es que al recibir con tanto agrado aquel encargo, decidí en aquella meditación contar un poquito mi historia para con la Hermandad, y decidí basarme en mis palabras a Jesús y a mis Hermanos en la parábola del "Hijo Pródigo". Conté en aquella meditación, a modo de resumen, que por circunstancias personales me alejé de la Hermandad en la que me había prácticamente criado desde que con pocos añitos la pisé por primera vez de la mano de mi hermana. 

Circunstancias de la vida, interacción con ciertas personas que hacen que uno se aleje de la vida de hermandad más práctica, pero (para quien tiene la fe y el cariño grabados en el corazón desde pequeño) no de la sentimental. El trato desde mi vuelta al acercamiento más apegado a Santiago por parte de sus Hermanos Mayores, tanto Carlos Dana, como Lucía Jiménez, como de los miembros de su junta, como de la cuadrilla de costaleros de mi Cristo en la Columna, fue sencillamente espectacular. 

Incluso en aquellos años y desde hace ya casi veinte, habiéndome acogido otra Junta y otros Hermanos que tienen su casa en San Bartolomé. Los segundos me acogieron como uno más, dándome cariño y respeto, por lo que les estaré eternamente agradecidos. El grupo humano y cristiano que he encontrado en El Silencio es sencillamente excepcional. Todos. Del primero al último. Pero los primeros se portaron como el padre de la parábola del "Hijo Pródigo": "-Matad el cordero más cebado, ponedle a mi hijo los mejores ropajes, anillos en las manos y sandalias en los pies. (...) Mi hijo estaba perdido, y ha sido hallado. Estaba muerto, y ha vuelto a la Vida."

Eso es lo que he sentido, desde que hace ya unos cuantos años, he vuelto a implicarme más en La Columna. Compaginable perfectamente con El Silencio. Intentando dar lo mejor de mí en cada una de ellas, y mejor en dos que en una. Intentando no abarcar más de lo que puedo dar, pero dándolo en ambas partes. Por eso mi mensaje en este post cuaresmal es que no temáis ser "hijos pródigos" si os arrepentís de corazón de haberos marchado, o apartado un poco de vuestras hermandades. Si como me pasó a mí, sentís la llamada o el toque de atención de vuestros Titulares, no dudéis que Ellos pondrán en vuestras hermandades a los que no os perdieron el cariño y os siguieron esperando, como el padre del "hijo pródigo".

Hoy, tras aquella Meditación, y el Jueves Santo pasado tras el homenaje recibido por parte de la cuadrilla de costaleros que sigo queriendo como cuando era niño y llevaba la radio en sus ensayos, he vuelto a ser bendecido por los corazones de mi hermandad. Hace ya varios meses que Lucía me encargó la composición de una Salve a la Virgen de la Paciencia para que se le cantara en los Cultos de la Hermandad, quien sabe si, además de por el coro estipulado para esos actos, por el resto de los hermanos.  Con cariño la compuse y con más cariño la escribí y la grabé para que fuera ensayada. 

Hoy en la Función Principal del Quinario ha sido estrenada, nada más y nada menos que en las voces de la Coral Virgen de Gracia. Yo cuando empezó me puse en una esquinita del coro, oculto de las miradas del resto de hermanos presentes que miraban a la Virgen. No pude evitar el repeluco desde la coronilla a los pies. Y conservo ya en lugar preferente de mi escritorio el cuadro que La Columna me ha regalado con la imagen de la Virgen de la Paciencia y la letra de su nueva Salve. 

Sigo emocionado tras la comida de convivencia de después de la Función. Este hijo pródigo sigue agradeciendo día tras día el cariño de todos los que me estaban esperando con sus brazos abiertos cuando volví. En la figura de Lucía Jiménez os hago extensivas mis gracias eternas a todos. Hijos pródigos que leáis esto: Ojalá os deis cuenta pronto si un día os alejasteis, que nunca es tarde para volver, si se vuelve con el arrepentimiento por la ausencia, el corazón encogido pero abierto para dar y recibir cariño,  y las ganas de aportar vuestra mejor intención a vuestra Hermandad, y a los hermanos que la componen. Yo lo hice, y no puedo estar más satisfecho, aunque con la gente que me he encontrado en el camino tanto en El Silencio como en La Columna, es para estarlo...

Termino este post, con la letra de la Salve, ahora que ya está estrenada, espero que os guste:



   SALVE VIRGEN DE LA PACIENCIA
REINA Y MADRE DE SANTIAGO
A TUS PIES TUS HIJOS TE REZAN
CON SU AMOR POR BESAR TU MANO.

BELLEZA Y DULZURA INFINITA
PAZ Y BIEN DE NUESTRA EXISTENCIA
VIENTRE ETERNO QUE EL MAL NOS QUITA
ENTREGANDONOS SU PACIENCIA.

MUESTRANOS LA LUZ DE TU ROSTRO
DANOS TU MIRADA TAN PURA
Y RUÉGALE POR NOSOTROS
A TU HIJO EN LA COLUMNA

SALVE, ALIVIO DE MIS ORACIONES,
DE SANTIAGO LA MAS PURA ESENCIA
VIVES SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES
CON EL BELLO NOMBRE DE PACIENCIA

DANOS SIEMPRE EL AMPARO EN TUS LABIOS
Y CONCÉDENOS TUS INDULGENCIAS
REINA Y MADRE DE SANTIAGO
MARIA SANTÍSIMA DE LA PACIENCIA

27 febrero 2015

CUARESMA 2015 (II): EL TIEMPO DEL TIEMPO.

Se acerca el tiempo del tiempo... 

El tiempo que convierte "la vida en una semana", que dijo el poeta Joaquín Caro Romero.

El tiempo que vierte con la cera caliente la sujeción de un Viernes, en el que los Dolores se hacen livianos, las estrellas conforman un palio, y las paredes con vestiditos nuevos de cal hacen las veces de bambalinas.  El tiempo del Viernes que convierte a "la Tercera" en la primera, a los antifaces en escapularios, y la víspera en fiesta.

El tiempo que convierte la plaza de un Rey, en olas para una Madre con aires marineros de Esperanza. El tiempo en el que las espinas forman la Corona de los días primeros, albergando chicotás interminables subiendo una cuesta, donde esperan unas hermanas celestiales. 

El tiempo que dibuja una inconfundible silueta de Amargura a contraluz, caminando entre mares de gente que quiere verla a cualquier "Costa". El tiempo que resuena en flecos de bellota convertidos en caireles que cobijan a unas manos entrelazadas, apretadas con el Mayor Dolor de nuestras almas.

El tiempo que sabe a judería, que huele a pan cociéndose en los hornos de siempre, y suena a suspiros de amor transformados en una Expiración Sagrada. El tiempo del bullicio por el fervor a la vecina más Ilustre y querida del barrio de los barrios, el de barbacanas y murallas que aún luchan por mantenerse en pié, aunque sea a trozos.

El tiempo del tañer fúnebre de campana de capilla franciscana. El tiempo que se parte en la dualidad por el sepelio incipiente que anuncian dos escaleras, y por la alegría del bronceado de la piel Divina de la mujer de extramuros. El tiempo de los pétalos cayendo sobre el "cangrejeo" entre Tinajerías y Tahonas delante de una Señora y Madre. 

El tiempo del primer día festivo en el que todo empezó hace dos mil años, bajo la mirada de los siglos de vejez de un castillo medieval justiciero y cruel. El tiempo en el que los kikilis vuelan trinando por cada azote de látigo, y juegan a buscar columnas en lo más alto de la ciudad. El tiempo en el que la luna de Nissan nos despide con la Paciencia con la que ha aguardado la llegada del tiempo.

El tiempo del que recibió las llaves del Reino, y mira blancas almas caminar al albor de la tarde, desde lo más alto de una veleta giraldilla. El tiempo que transforma la bambalina en cajón, la Humildad y Paciencia en Cornetas y Tambores, y lo que antes fue madrugada, en ocaso.

El tiempo del Silencio más sonoro. El que sube los decibelios del rachear de las alpargatas que soportan nuestros caminos al Calvario, y nos saca de la cárcel de diez rejas para clavarnos una inscripción de plata en el corazón. El de la noche más cerrada sobre "Sol". El tiempo de la cruz de las cruces, y de la campana que anuncia que todo debe callar, para poder escuchar los más bellos sonidos.

El tiempo del fin, en el que "todo está consumado", y el tiempo del tiempo que se agota, y se envuelve con un cielo gris para rememorar lo que en realidad pasó. El tiempo en que todo volverá a quedar en Soledad tras el sepelio de nuestras almas. El tiempo del redoble sordo de tambor, y el paso largo raso sobre los adoquines de nuestra semana más "semana". 

Se acerca el tiempo del tiempo. El tiempo que como dijo Joaquín Caro Romero, convierte la vida en una semana. Se acerca la semana. Se acerca la vida. Se acerca igual que pasa inexorablemente... el tiempo del tiempo...


19 febrero 2015

CUARESMA 2015 (I): EL CALENDARIO QUE DIVIDE EL CORAZÓN

La noche ha dejado caer su oscuro manto sobre la ciudad. Por una callejuela del casco antiguo camina un caballero del siglo diecisiete. El plumaje de su sombrero se mueve, a merced del jugueteo impertinente que el viento tiene con él. Su capa se suma a la fiesta mientras acompaña el paso acelerado de su dueño. Llega tarde a una cita. Apenas le ha dado tiempo a cambiarse de ropa y aún lleva una cruz de ceniza en la frente. Viene de misa. Es Miércoles de Ceniza. Hoy empieza la Cuaresma y llega tarde a su cita.

A medida que va subiendo la cuesta de la Barbacana Baja, va oyendo el bullicio de unos amigos que han salido en esta fría noche a beberse los últimos sorbos de la fiesta de la "despedida de la carne". Unos disfraces chirigoteros y otros compañeros más vestidos de caballeros de época como él, le esperan en la puerta de la sede de una peña de Carnaval, para amenizar la baja temperatura del ocaso. 

Suenan coplas... guitarras... caja y bombo... Algunos vecinos se asoman a sus puertas para escuchar, con algo de abrigo sobre los hombros. Corren la cerveza y algunas tapas. Hay risas y ambiente sano. Él se engancha al colgante la extensión de su alma con seis cuerdas, y da la introducción para que su comparsa empiece a cantar también. Pero sigue con su cruz de ceniza en lo más alto de su rostro. Porque es Miércoles de Ceniza y aún guarda en su retina los últimos rezos, las peticiones por los que quiere, y el reencuentro con sus hermanos cofrades a los que no veía desde que se encerró en un local de ensayo para preparar sus coplas. Para un Carnaval que el calendario quiere que divida el corazón de muchos, como el suyo, y se alargue "invadiendo" la abstinencia cuaresmal.

En la Barbacana Baja suenan coplas. Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, calle Prim arriba, otro personaje, este Divino, avanza portado y escoltado con fieles que recuerdan el agónico fin de sus días. Cirios encendidos. Hombres de traje o con ropa de calle, y mujeres elegantemente vestidas. Casi todos conservan también su cruz de ceniza en la frente. Rezan. Andan. Se paran. Vuelven a rezar. Mientras, el personaje va siendo llevado por las calles recordándonos nuestro propio fin. Todos seremos como él presa del sepelio en nuestra existencia. También bajo el manto oscuro de la misma noche, abre la Cuaresma el primer Via-Crucis de la última Hermandad de nuestra Semana Santa en recogerse. La que marca el fin de lo que esperamos todo el año, y el comienzo de una nueva espera. 

En ese tiempo el Calendario volverá a jugar con nuestro corazón. Porque las pasiones de una tierra no tienen por qué estar enfrentadas. Nunca debieron estarlo y por suerte, cada vez lo están menos, aunque queden reductos de corazones que todavía señalan a quien en estos días, pueda vestirse de caballero del diecisiete, de mosca, de soldado, de zombie, de romano, de maestra, de minero o de pescador. Pero muchos de esos disfraces, luego serán sustituídos por trajes, por túnicas de nazareno, por costales y fajas, y meses más tarde por trajes de corto y flamencas. 

O simplemente por repelucos por una chicotá, por la palabra de un capataz. Por lágrimas de emoción al mirar a una Imagen. Por la ternura de embobarse con sus hijos cuando le pidan cera a un nazareno por primera vez. De la misma manera que sintieron repelucos por una copla, lloraron lágrimas de emoción al cantar. Se embobaron con sus hijos cuando lo disfrazaron por primera vez en Febrero. Es la magia de ser Andaluz, Sevillano y Carmonense. Es la belleza y la grandeza de sentir las pasiones de una tierra con un calendario que divide el corazón entre la alegría, el periodismo cantado y la emoción de la poesía; y el recogimiento, la fe y la devoción de una religión que es tan compatible como causa de su otra pasión.

A veces el calendario tiene estas cosas. Nos entremete la Cuaresma cuando aún barremos papelillos de Carnaval en el suelo de nuestra casa, perfumada desde hace días por el incienso. Nos hace vivir en el mismo día la confirmación y renovación de nuestra fe, con una cruz de ceniza en la frente, y acto seguido ponernos el disfraz para regalar libertad a una ciudad dormida bajo el manto de la noche. Noche en la que por una callejuela empinada, con sus plumas jugando con el viento, camina un caballero del siglo diecisiete. Piensa en disfrutar cantando con su amigos. Recuerda la misa de la que viene. Sueña con llegar a casa y relajarse escuchando una copla de Carnaval, mientras en la tele emiten pasos por Campana. Puede que mañana comience ya a quemar incienso en casa. Pero todo eso pasa por su mente mientras su capa ondea al viento y acelera el paso, para llegar a su cita.

Benditos corazones arraigados a nuestras costumbres y pasiones. Y bendito ese calendario cuando algún año que otro, le da por dividirnos el corazón...

16 febrero 2015

QUIZÁ ME EQUIVOQUÉ...

Es una frase que no paro de repetirme estos días... 

Cuando no paro de ver despropósitos en las redes sociales, a razón de un concurso de Carnaval. Cuando he sentido por primera vez en mis carnes, a los veinticinco años, el dolor más severo por el escarnio de un jurado. Quiero pensar que sólo de un jurado y de nadie más, aunque me vengan muchas más personas e ideas a la cabeza.

Quizá me equivoqué. Quizá no elegí bien un repertorio que no puedo enumerar la cantidad de gente que ha venido a felicitármelo. Quizá me equivoqué decidiendo seguir adelante cuando mi comparsa estaba deshauciada por Don Carnal ya en pleno Noviembre. 

Quizá me equivoqué. Quizá es verdad que no puedo seguir saliendo con un grupo de personas que prefieren la amistad de quince, antes que la potencia de dieciocho y aún así sabiendo que la lucha no es justa, querían ir a la batalla.  

Quizá me equivoqué hace años cuando dije que necesitaba un descanso, eligiendo no fallar o decepcionar a la gente que me reclamaba y que me "exigía" que tenía que seguir.

Quizá me equivoqué no respondiendo como solía hacer, a todos los ataques encubiertos que hemos tenido en las redes sociales, tanto mi grupo, como yo. Pero es que yo prefiero decir que quizá he sido yo el que se ha equivocado. Con el repertorio, con salir cuando todas las señales indicaban que era mejor descansar. Cuando empezaba a ver que todo estaba apuntando a que iban a por mí. 

Quizá me equivoqué creyendo que merecía más. Quizá se equivocaban todas esas personas que me dijeron que debería haber estado en la final. Quizá me equivoqué pensando que no sentiría nada entrando en el patio de butacas de mi Teatro Cerezo, en una final en la que yo no iba a estar en el escenario, porque me sentí muy extraño, como si se me confirmara que quien fuera, o lo que fuera, que no quería que yo estuviera, había cumplido su objetivo.

Quizá me equivoqué alabando demasiado a quien sólo había que alabar un poquito, y ahora se creen ser el nuevo catecismo del Carnaval. Quizá no es cuestión de premios o de pasar a una final. Quizá el verdadero talento está en reconocer que había gente que ha concursado con material mejor que el tuyo, y en decir "quizá me equivoqué" en lugar de cargar públicamente contra un jurado, contra el que yo, por esa regla de tres, tenía más razones que nadie para cargar y no lo hice porque considero que dentro del juego de concursar, entra la posibilidad de perder. 

Quizá me equivoqué al concursar. Pasa en las mejores familias. Pero en lo que estoy seguro de que no me he equivocado ha sido en darle la oportunidad de salir a los miembros de mi agrupación que verdaderamente querían salir otro año. Y este fin de semana me han demostrado que no querían salir sólo por un concurso, ni se creían ganadores por obligación. Me han demostrado que querían salir para regalar un repertorio a las calles de Carmona (mis pies y mi voz dan buena cuenta de ello), a cantar, beber, comer y reírse. 

Quizá me equivoqué al recibir un toque maléfico con una varita, en el que se me concedió la maldición de que lo que yo diga en una red social trasciende hasta el punto de que se me crucifique, y otros puedan decir lo que quieran sin que nadie tenga el valor siquiera de rechistarles. Hay quien mea en lata y no suena, y quien mea en lana y hace ruido, y yo soy de los segundos. Pero no me importa. Ya estoy acostumbrado. Y a veces pienso que es más satisfactorio y elegante callar, y dejar que otros se señalen. Que el resto no quiera verlo y sólo estén pendientes de lo que digo o escribo yo, es algo que ya he aprendido a sobrellevar. 

Y quizá quien ya ha aprendido la lección y no tiene nada que perder, sea más peligroso que alguien no esté en esa tesitura. Y yo ya no tengo nada que perder, pero de momento prefiero ver el lado positivo de las cosas, ser humilde y entender que quizá me equivoqué... solo quizá...  de momento, prefiero seguir callado tragando el nudo que se me pone en la garganta, cuando veo a mis Amantes cantar en tantos sitios donde lo hemos hecho, y admirar la lección que le están dando a todos los que hablaron antes de tiempo.

Quizá me equivoqué... pero quizá la próxima vez no lo haga, y cuando vea señales que me digan que me quede en casa, lo haga. Quizá lo haga.... o quizá no... 

Feliz Carnaval.

18 diciembre 2014

MUCHOS "FELIZ" (mi felicitación Navideña para todos)

Llega la Navidad. Bueno, en realidad llegar, cada vez llega antes. No se extrañen si de repente un día de agosto ve llegar las primeras cajas de mantecados a las grandes superficies. ¿Y esto por qué es? Pues porque es el cebo magnífico para una sociedad que se ha vuelto consumista y va a más por cada generación que nace. Una sociedad que dice "Feliz Navidad", pero para mí, dentro de esa frase hecha, hay otros "Feliz" que se engloban dentro del que se dice. Paso a enumerar, sin orden de importancia ni preferencia, conforme se me van ocurriendo:

1. FELIZ CONSUMISMO:
Está claro que la navidad implica compras. Compras, ofertas, bajadas de precios (en ocasiones camufladas). La Navidad es esa época en la que los grandes almacenes se frotan las manos, los pequeños comerciantes se sacuden el polvo, y todos ponen sus cajas registradoras a engrasar, porque hay que regalar, hay que poner marisco en la mesa, hay que hacer comidas de navidad para coger la cogorza a ver si así aguantamos al compañero de oficina ese que ponemos verde con otro compañero a medias. Hay que salir a ver belenes, hay que viajar, hay que CONSUMIR. La Navidad en la que se celebra el nacimiento POBRE del Niño Jesús en un pesebre, representa justo lo contrario de lo que se ha convertido.

2. FELIZ SENTIMENTALISMO:
Las musiquitas de los anuncios, las temáticas, todo se vuelve acorde con un alto índice de emotividad, para hacernos aflorar el amor durante quince días. Entonces todo nos da mucha sensibilidad. Y por supuesto queremos a la gente, nos volvemos personas muy buenas que expresan su amor, y su generosidad. Quince días. Quince de trescientos sesenta y cinco. El resto del año ya nos preocupamos de ser el que más gane, el más guapo, el que mejor vista, el que sea mejor en todo, en pisar al de enfrente si te puede quitar el camino, en hablar mal de quien no piensa como nosotros, en fin que ya deja de ser Navidad.

3. FELIZ HIPOCRESÍA.
Nunca tantos abrazos, tantos buenos deseos, a gente que vemos por la calle el resto del año y ni miramos, a esos conocidos con los que no hablamos nunca ni siquiera por las redes sociales. Pero claro es la época ñoña del año, la que saca lo mejor de nosotros, y por contra pienso que igual, al menos esa época habrá que aprovechar que la gente intenta ser un poquito mejor, aunque luego nos volvamos todos gilipollas otros once meses y medio. Lo ideal sería que todos fuéramos como en Navidad durante todo el año. Me gusta esta frase, voy a twittearla. (...) Ya. Sigo.

4. FELIZ IMPORTACIÓN.
Españolitos, españolitos, que importamos lo que nos interesa de otros países y perdemos nuestras propias costumbres porque todo lo nuevo y lo de fuera, nos parece mejor que lo tradicional de aquí. Para empezar está ese señor obeso vestido de rojo, que ni su vestimenta le  han respetado al pobre. Santa Claus  (o Papá Noel para los amigos) es una tradición navideña ESCANDINAVA. Concretamente Finlandesa. Lo cierto es que no sé en qué momento se instauró como costumbre en España dar regalos el día 24 de Diciembre y no el 5 de Enero. Resulta que este señor es la representación nórdica de San Nicolás, y su traje no era rojo, era VERDE, pero llegó la Coca-Cola y dijo: pues lo vamos a vestir de rojo, y hala, rojo el señor. 

Esto redunda por tanto en el primer "felíz", porque ya en lugar de un sólo regalo, hay que hacer dos, el de Navidad y Reyes, multipliquen los miembros de su familia a los que tiene que regalar, y vaya calculando lo que le faltará en su cartera para afrontar las Navidades, que como decía los comerciantes ya se están frotando las manos a su costa, por caer en esta gilipollez de tradición.  Cualquier día cenaremos en Nochebuena hamburguesas... por cierto ya se está acrecentando la costumbre también americana de cenar PAVO. Y el pavo en el mundo de los yankis ni siquiera es tradicional sólo en Nochebuena, si no en una fiesta muy suya (que cualquier día también importamos como Halloween) que se llama "Acción de gracias". Como véis, cada vez nuestras navidades son más internacionales, y menos nuestras.

Y a todo esto nosotros, con lo bonita que era la tradición de los Reyes Magos, que no tenemos cojones de metérsela por los ojos a los nórdicos, ni a los americanos, ni a la madre que los parió a todos. 

5. FELIZ FALSEDAD.
25 de Diciembre. Nació el Niño Dios. El Salvador para todos los que somos creyentes. NO SÉ QUÉ COJONES HACÉIS CELEBRANDO LA NAVIDAD LOS QUE SOIS ATEOS. Es un poco contradeciros ¿no?. Ya, ya... ya sé que os la suda que se os diga esto. Total es una fecha más para tener días de vacaciones y poneros hasta el culo de todo. Pero la Navidad es para mí una fiesta católica, sobria, alegre pero sin grandes excentricidades. Reunión con la familia (el que la tenga o no la tenga rota por enfermedades u otras circunstancias), la Misa del Gallo en Nochebuena, unos villancicos (la parte que menos me gusta de la Navidad) y el día siguiente una comida o una reunión con amigos. Eso es para mí. Esa es la TRADICIÓN que a mi me legaron y es la que intento conservar, cuando logro no dejarme llevar por la inercia de los que me rodean y que han caído de lleno en la trampa de este falserío de fiestas. 

Luego está el "Fin de año" para celebrar que estamos vivos. La tradición de las "uvas" que ni da suerte ni hostias, si no que fue provocada por un excedente de producción en una cosecha hace muchos años, y a alguien se le ocurrió que nos tomáramos doce uvas con las campanadas, uvas que por cierto en el mes de Diciembre se ponen a un precio que sale más barato comerte doce "Ferrero Rocher". Están los cotillones porque claro la gente necesita irse de fiesta y cogerse la cogorza del año (del fin de año, quiero decir) y volveeeemos otra vez a primer "Feliz" de este artículo.

Y así juntamos más "feliz" en cada "Feliz Navidad" que decimos. La Navidad que yo conocí no es la que estoy viviendo ahora. Por eso no me gusta. Por eso no es que me declare anti-navideño, pero simplemente trato de "sobrevivir" a estas fechas, y deseando que la Reina de la Cabalgata de Reyes Magos tire el último caramelo, porque ya estaré mirando de reojo al Carnaval. Aún así ya que habrá quien esté de acuerdo con este post, y quien prefiera seguir viviendo esta mentira importada de fiestas, no quiero perder la ocasión de desearos a todos Feliz Navidad. Signifique lo que signifique para cada uno de vosotros...



07 noviembre 2014

UNA MIJITA SOBRE CANNAVÁ.

"Esto NO es Carnaval, sólo lo parece".

Era el título de una obra de teatro que hace años José Antonio Vera Luque y Antonio Martínez Ares con sus respectivos cuarteto y comparsa, pusieron en escena por varios teatros de Andalucía. Es curioso como la frase para el Carnaval de Carmona ha resultado cuasi premonitoria. Este año inicio mi Carnaval número 25. Cinco años de componente más veinte de autor. Y tras los años pasados nunca había tenido tantas dificultades a la hora de encontrar componentes para mi comparsa.

Yo recuerdo Carnavales en los que la fiesta, la afición por ir a los ensayos, a verte con los compañeros de agrupación estaba por encima de muchas otras cosas. Que nadie me tome esto como un ataque, pero eran otros tiempos, otra forma de comprometerse y otra forma de disfrutar. Tanto en los ensayos, como en el Teatro, como en la calle. Quizá mi inconveniente fue entrar en una agrupación de adultos con tan solo once añitos, y aprender de sus maneras, de su compromiso, de su ambiente y de sus formas. 

Ahora con el avance de los tiempos, la posibilidad de acceder a otras aficiones, lo jodido que se ha puesto encontrar trabajo y los horarios, junto con la entrada en el mundillo de nuevas generaciones lo han complicado todo. Porque para un componente (sea joven o no, no estoy señalando solo a los jóvenes) es mucho más fácil comprometerse si ese compromiso le permite llevar más cosas por delante (salvando trabajo y estudios, claro). Es decir, yo me apunto a la comparsa, pero no me quito de ir a jugar al fútbol o a la petanca, de cantar en un grupo de sevillanas, o de cualquier otra afición. 

Ahora en este Carnaval de mis Bodas de Plata, hay dos cuartetos, tres chirigotas (dos callejeras), y cinco comparsas (una de ellas callejera). Y a mí lo de las callejeras me parece de fábula. Lo digo porque nadie pueda poner en mis palabras que esté en contra del proyecto de los chavales, que repito, me parece muy lícito. Y sería maravilloso si Carmona no hubiera perdido por completo su costumbre de que el Carnaval en "la calle" (que luego no es la calle si no algunos bares) son las coplas, y no los desfiles, las carpas discotequeras-makineras y las cogorzas que rozan el coma etílico. 

Pero no, eso NO es Carnaval, sólo lo parece. El Carnaval de calle que OJALÁ recuperen esos chavales, CON LA PARTICIPACIÓN Y COORDINACIÓN DEL RESTO DE AGRUPACIONES, ese se perdió (si es que llegó a existir alguna vez). Ojalá esto fuera Cádiz en Febrero pero por suerte o por desgracia NO lo es. El caso es que para el resto de agrupaciones "concurseras" el hecho de que ocurra que dos agrupaciones callejeras tengan un número tan alto de componentes da una idea de lo que ha cambiado el panorama, y ha provocado (SIN QUERER, OJO) que el resto de agrupaciones nos las veamos negras para encontrar componentes, sobre todo instrumentos que completen nuestras formaciones.

Y es que claro, ¿cómo vas a decirle a un chaval que toca la guitarra, que estudia o trabaja, o que tienen otras aficiones, que venga cuatro días en semana a ensayar, cuando otra agrupación le ofrece solo uno? ¿Cómo vas a ofrecerle el caramelo de ensayos y sudores, y tensiones, y estrés y diversiones, frente a que otros le ofrecen diversión, calle y pocas ataduras? Lo lógico es que cualquiera diga que pasa del concurso. 

En el fondo yo casi hasta lo considero inteligente, porque gracias al concurso tenemos esa honda hipocresía y mala leche mental de la que una inmensa mayoría hacen gala en esos días. Gracias al concurso tenemos ese odio o falserío que ha pasado de ser sólo concursero o carnavalero al terreno de lo personal. Gracias al concurso tenemos muchísima mierda que yo creo que no se limpia porque hay quien se siente cómodo en ella, siguiendo el juego, despreciando la esencia de esta fiesta.  Pero gracias al concurso tenemos otras sensaciones tan bellas...  la subida de las escaleras de madera de camerinos a escenario, los nervios, el oír como el teatro ruge antes de actuar, la sensación del primer aplauso, el olor a madera vieja, los saludos por los pasillos... 

El problema es que no sé yo hasta qué punto compensa todo eso, si a cambio luego cuando un jurado (aquí mejor no entro) da su veredicto y para muchos el concurso se acaba y otros siguen empeñados en vivir del palmarés de ese año. Muchos siguen empeñados en remover lo que ha pasado en un concurso que NO es Carnaval, que es un PREVIO al Carnaval y esos mismos son los que se vanaglorian de decir que son "Carnavaleros" y que "Les gusta el Carnaval" cuando es todo lo contrario. Lo que son es "competidores" y no les gusta el Carnaval, les gusta concursar y ganar, y a partir de ahí que me cuenten lo que quieran. Y yo lo fui en su momento, aunque me avergüenza reconocerlo. Fui concursero, y me cegué de tal manera que no disfruté el Carnaval como debí.

Y me expresé mal, y dije "es un mojón" en lugar de "no me gusta" y odié al que me ganó por el simple hecho de hacerlo, y me sentí un Dios cuando gané. Y ahora después de 25 años miro atrás y doy gracias por haberme dado cuenta en los últimos años para lo que servía todo aquello: PARA NADA. Este año cumplo mi 25 aniversario en Carnavales. Sigo siendo aquel niño ilusionado del principio, pero que ahora va de la mano del adulto que ya lo tiene todo, primeros premios, segundos, terceros, accesits, finales sin premio, un pregón, muy poco reconocimiento, demasiados cuplés sin gracia a mi persona, un montón de conocidos y muy poquitos amigos. El balance no sé yo si llamarlo positivo.

Tampoco sé, porque ya me va apeteciendo, lo que tardaré en tomarme un descanso indefinido de la fiesta. Una retirada no, porque uno nunca sabe cuando descansa si vuelve o no vuelve, y no quiero que me pase como a cierto autor gaditano. Pero sí que es verdad que este Carnaval no es el que yo conocí durante muchos años y no me siento cómodo en él. Demasiadas exigencias, demasiadas dificultades para encontrar por ejemplo, instrumentos. ¿PARA CUÁNDO UNA ESCUELA DE CARNAVAL QUE LLEVO RECLAMANDO DESDE HACE MÁS DE DIEZ AÑOS? Demasiados odios, demasiadas falsedades, demasiadas habladurías. Pero muchas sensaciones bonitas, muchas lágrimas de satisfacción, muchos repelucos, muchas risas, muchos recuerdos. 

Por eso digo que con mi comparsa 2015 (POR CIERTO 30 AÑOS DE MI PEÑA, POR SI ALGUIEN QUIERE HACERLE UN PASODOBLE YA QUE DE SUS BODAS DE PLATA PASARON OLÍMPICAMENTE MUCHOS "CARNAVALEROS" AUTORES), conservo la ilusión de ese niño, pero si usted va al Teatro quizá note un cambio en mi repertorio, quizá note cómo las agrupaciones de fuera nos ganan en compromiso, con grupos trabajados con gente que canta fenomenal y todas sus piezas en cada agrupación, aunque note que quizá sigan faltando autores que estén a la altura. Si usted va al Teatro y luego va a los desfiles y ve lo que veo yo, jóvenes que prefieren salir a emborracharse y pelearse, y meterse en una carpa-discoteca, tranquilo. Si ha vivido lo que he vivido yo hace años, creo que ambos lo tendremos claro.  Lo dijeron Ares y Vera-Luque en su obra de teatro: ESTO NO ES CARNAVAL, SÓLO LO PARECE.

16 octubre 2014

ROMPER CON EL PASADO, MIRAR AL PRESENTE.

Por causas de ambición profesional y personal, estoy metido en el farragoso mundo de las reformas caseras. Os cuento. En mi casa poseo lo que en su día fue un "cuarto de estudio" (de estudio de los de estudiar), con cosas recicladas de mis hermanos, como repisas, un escritorio de los 60, etc. Cuando avancé en mi profesión lo convertí en la sala de ordenador, librería, guardado de cds y de un montón de cosas más que es ahora. Es el rinconcito donde tengo cuadros, placas conmemorativas de 25 años de Carnavales, pregones, premios, etc. Es el bunker donde me pongo a componer, a escribir a veces, o simplemente a mirar la luz de la luna cuando ésta ilumina el patinillo trasero al que da la ventana que tiene.

El caso es que ahora ya más metido en el mundo de la locución, he decidido acondicionar la habitación acústicamente y poder hacer mis grabaciones en los equipos profesionales que adquirí en su día. Y para ello necesitaba espacio, una reforma y sacar todo lo que estorbaba en el cuarto. Y es aquí cuando me pongo manos a la obra: ropa vieja, mangas remangadas y al lío. 

Y uno se pone en plan "destroyer" y hace de tripas corazón y empieza a tirar papeles, cosas viejas, etc... hasta que llegan determinados momentos. Empecé a sacar carpetas, y cd's viejos. En las carpetas, la nostalgia me ha invadido cuando he recordado al leer ciertas cosas, mis añorados tiempos de instituto. He visto papeles que contenían letras escritas por mí, poemas que tenia olvidados, dibujos que realizaba con una habilidad que creo que he perdido con la falta de práctica. Incluso esas conversaciones en un folio que tenía con compañeros de clase, para no hacerlo hablando y alertar al profesor de turno. 

He roto fotos y recuerdos que al ser tan dolorosos ya no quería ni mirar. Recuerdos de tiempos engañosos que creí felices, pero... ¿Sabéis qué? A veces esto que yo estoy haciendo es un ejercicio espiritual inconmensurable. Porque te da una visión de cómo has evolucionado, de cuáles eran tus perspectivas hace años y cuáles has alcanzado. Te hace darte cuenta de cuánta gente llegó a tu vida para estar de paso y cuánta para quedarse. Cada rasgado de papel es un romper con el pasado que queremos desterrar de por vida, y una mirada a presente, al ser que somos en este momento, y de reojo quizá, un guiño a soñar un nuevo futuro.

He encontrado hasta el cartel de la presentación de mi primera comparsa, fotos que me ha apetecido conservar (una con 5 añitos) otras que he roto como si fuera el efecto contrario al que mi corazón sentía, mientras rompía iba cosiendo heridas antiguas que afortunadamente cerraron, y algunas otras recientes que están en proceso. Todo este berenjenal es simbólico. Es un punto y seguido. Conservaré algunas cosas que me hacen sentir bien, y mandaré a la basura y al reciclaje objetos y papeles que ya no me apetece leer más, o que simplemente acumularon polvo precisamente de eso, de estar en el olvido y ocupando un sitio que ahora necesito para mi bienestar personal y profesional.

Esto es mucho más que una reforma para un estudio de sonido, donde espero poder currar mucho y componer mucho y escribir mucho. Es un pasito más hacia una madurez que a veces me niego a aceptar que ha llegado, porque el niño que todos llevamos dentro quiere salir de cuando en cuando. Aún me quedan unos días de romper papeles, y aparte de lo relajante que es, me ha encantado sacar una sonrisa y ver quién era hace veinte años y quien soy ahora. Una parte de mí ha cambiado como de la noche a la mañana, otra sigue permaneciendo soportando el dulce peso de la memoria dormida. 

Por eso no sólo necesito energía en el cuerpo para afrontar este cambio en mi casa y en mi vida, también la necesito en el alma para afrontar las sorpresas que me llevaré por cosas que tenía olvidadas y que imagino, me iré encontrando. Espero que mi pequeño "Síndrome de Diógenes" no me dé mucho la lata y poder ser tajante a la hora de seguir rompiendo con cosas olvidadas, y oír ese "rasssss" que tanto me relaja. A lo mejor el próximo post lo escribo ya con mi estudio terminado, y puede que os cuente como ha quedado. Perdón por la nostalgia.
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